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lunes, 22 de septiembre de 2014

Los puntos sobre las íes

Yo sé que esto no va a servir de nada (o, como mucho, servirá para granjearme unas cuantas hostilidades y conseguirme un par de insultos gratuitos, probablemente aderezados con alguna referencia a mi género), pero tengo que decirlo. Y como tengo que decirlo, pues lo digo, y me quedo más tranquila, y respiro hondo y todos en paz.

Hace ya mucho que tengo pendiente esta entrada, pero la he ido postergando porque no tenía ganas de jarana. Hoy, sin embargo, la voy a escribir. ¿Por qué? Porque hoy es cuando me han dado la última hostia, la que ha rebasado el vaso y ha conseguido lo que no han conseguido ni rumores falsos, ni insultos solapados, ni boicot de hipotéticos compañeros ni reveses editoriales ni mobbing laboral: ha conseguido hacerme llorar. De rabia. Y no me gusta llorar, y tampoco me gusta sentir rabia, de modo que mejor lo suelto todo y así puedo dormir tranquila esta noche.

Veréis: hace cuatro o cinco días publiqué en Amazon una novela corta, parte de un proyecto mucho mayor que es la saga de El Segundo Ocaso. Esta novela corta (no tan corta, son 250 paginitas) está pensada como primer paso de la campaña de promoción de mi próxima novela, y como tal, y por su extensión, decidí ponerla a un precio simbólico: apenas supera el euro. UN EURO. Bien, pues esta novela, cuatro días después, ya está pirateada. Sí, hay un par de foros que ya la tienen para descargar de forma gratuita. Por si alguien no tiene un euro suelto, vaya.

Ahora os voy a contar la realidad, una realidad en la que quizá no habéis pensado porque nadie os la ha querido contar (no es muy halagüeña, y en este país todavía nos movemos mucho en mode voy-a-ponerme-miguitas-en-la-capa para que piensen que como pan todos los días). Esa novela (corta, breve, pocacosa, bah, un euro) me ha costado cuatro meses de trabajo. Cuatro meses. 120 días. Y sus noches. Me he dejado los cuernos para escribirla, para corregirla, para maquetarla y hacerle una portada bonita e incluirle unos mapas chulos y dejarla perfecta para mis lectores, aunque sabía que iba a ganar poquito porque el precio de venta es casi testimonial. Ojo: cuando hablo de 120 días no hablo de "ratos libres que podría estar pasando frente a la tele y en vez de eso los paso frente al ordenador", no: hablo de 8 horas diarias. ¿Qué, que nunca se os había ocurrido que escribir una novela costase tanto esfuerzo? Sí, cuesta. Es un trabajo duro, muy muy duro. Y lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo y muchos momentos de desesperación y pánico y dolores de espalda, de cabeza y de trasero.

Las otras novelas que he escrito y publicado me han costado mucho más, porque son mucho más largas. ¿Cuántos días creéis que le eché, por ejemplo, a El sueño de los muertos? Contando solamente las horas que dediqué al manuscrito original os aseguro que superaron las cinco mil. Añadidle otras muchas de correcciones, revisiones y promoción, y eso que esa novela tiene una editorial que me quitó parte del trabajo. ¿Sabéis qué rendimiento económico me han dado esos tres años? Lo que el portero de mi edificio gana en un mes, aproximadamente. Así, como suena. Y es una novela que ha tenido éxito: ha gustado a los lectores y ha estado varios meses en las listas de los más vendidos del género, ha recibido críticas muy positivas y ha sido propuesta para varios premios literarios.

¿Sabéis lo que no es justo? Que yo esté ahora mismo dedicándole ocho horas diarias a un trabajo así de duro y tenga mi piso embargado, esté viviendo de mis padres con 37 años que tengo mientras les pido dinero para pagar la hipoteca de un piso en el que no puedo vivir, y no tenga dinero ni siquiera para pagar el champú (y no, no exagero). Eso no es justo. Sobre todo cuando esas novelas que tengo publicadas, las cuatro, son novelas que la gente lee y que la gente disfruta, o al menos así lo dicen cuando las comentan. Y es menos justo todavía que ni siquiera se les ocurra pensarlo. Porque estoy convencida de que todos los que suben y descargan mis novelas sin pagarlas (salvo quizá los dos o tres que ganan dinero en sus páginas de descargas ilegales) ni siquiera se plantean ese hecho: que la autora de esas novelas, ahora mismo, tiene la cuenta bancaria en negativo, una hipoteca sin pagar, un piso vacío y un gato cojo al que no puede llevar al veterinario. Y que los libros que tan alegremente se descargan sin pagar le han costado a esa autora meses y años de trabajo duro POR LOS QUE NO ESTÁ VIENDO NI UN EURO.

Más allá de la injusticia de esa situación, y yendo un poquito más allá, yo creo que los que descargan esos libros tampoco han pensado que, si la autora no ve un duro por ellos, evidentemente dejará de escribirlos. Escribir no es un hobbie, escribir no es un pasatiempo: es una profesión, y es dura. Si alguien se cree capaz de aguantar muchos años trabajando 8 horas diarias, 7 días a la semana, y no cobrar por ello, por favor que lo intente. Y más si hay facturas que pagar: en ese caso, el escritor tendrá por fuerza que dejar de ser escritor para aceptar cualquier otro trabajo que le dé un sueldo al mes (y que obviamente no le dejará tiempo ni energías para seguir escribiendo). ¿Conclusión? No se escribirán novelas, y la gente no tendrá novelas nuevas que leer.

No quiero con esto atacar a nadie: como ya os he dicho, estoy convencida de que la mayoría de los que descargan novelas ni siquiera se habían planteado la posibilidad de que con ese pequeñísimo gesto están consiguiendo empujarnos cada día un poquito más hacia la ruina y el abandono de la profesión. Es más, estoy convencida de que la mayoría cree que todos los autores somos ricos y unos snobs, y nos encendemos cigarros con billetes de quinientos mientras reímos malignamente cada vez que denunciamos un link de descarga (cosa que, por cierto, no he hecho: lo de las puertas y el campo me lo sé muy bien). Con este post lo único que me gustaría es daros una perspectiva que quizá no os haya dado nadie nunca. Con cada descarga pirata no estáis jodiendo a los grandes grupos editoriales, ni estáis poniendo un granito de arena para cambiar el mercado editorial, ni estáis protestando por las políticas pseudomafiosas de las editoriales, ni estáis obligando al Gobierno a aceptar la gratuidad de la cultura, ni nada por el estilo (recordad que Robin Hood robaba a los ricos, no a los mendigos): lo único que estáis haciendo es obligar al autor a trabajar como un esclavo sin cobrar. Y eso no hay persona que pueda aguantarlo (ni por ánimo, ni por supervivencia), y los escritores, ante todo, somos personas.

Si con esto consigo que alguien se pare a pensar, aunque sólo sea un minutito, antes de darle click al "magnet link", me daré por satisfecha. Si consigo que alguno comprenda que ese "bah, por un euro no se va a arruinar" es FALSO, entonces todo bien. Y no, un euro no me va a sacar de pobre, pero un link de descarga sí puede empujarme un poco más allá del borde. A mí, y a todos los que, como yo, dedican años y años de trabajo a una novela que luego alguien descarga sin dedicar un solo pensamiento a todo ese trabajo.