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viernes, 12 de abril de 2013

Cómo encabronar a un escritor

Agarraos, que éste va a ser largote.

Hace unas semanas proponía yo en este blog formas y modos de ayudar a un escritor sin poner un duro (más allá de comprar su libro, claro). Un post, el de Apadrina un escritor, que ha tenido un cierto recorrido (al parecer no muchos lectores sabían de lo mal pagado/difícil/ingrato que es esto de dedicarse a la literatura, o lo que ellos, como lectores, podían hacer para ayudar a su escritor favorito a continuar escribiendo). Hoy me apetecía hacer lo contrario. No, no voy a daros pistas acerca de cómo hundir a un escritor en la miseria (no demos ideas, no vaya a ser que :P), pero sí me ha parecido gracioso recopilar las distintas formas de encabronar a un escritor que existen, que tampoco cuestan un duro y que, si os da por echaros unas risas a costa de alguno de los que nos dedicamos a juntar letras, a modo de ocio creativo, os pueden dar bastante juego.

¿Que cómo se puede encabronar a un escritor? Uy, pues es facilísimo. Para empezar, podéis decirle la siguiente frase mágica: «Pero eso de escribir lo puede hacer cualquiera…» Vale, sí, en teoría es obligatorio pasar por la Primaria y por la Secundaria, de modo que es de suponer que todo el mundo sabe escribir, si entendemos por “escribir” la cosa de juntar letras para formar palabras y juntar palabras para formar frases (lo de la caligrafía de cada uno lo dejaremos para los grafólogos y/o arqueólogos, que hay cada uno por ahí con una letra en plan escritura cuneiforme que da la sensación de que en el cole le dijeron que las letras eran como patas de mosca pegadas a un papel). Otra cosa, por supuesto, es la escritura creativa, más conocida como Literatura. ¿Que cualquiera puede escribir una novela? Bueno, sí. Otra cosa es que la novela se la pueda tragar alguien, que ya es distinto. Creo que ya lo he comentado en un par de ocasiones, pero lo volveré a decir así de pasada para que no caiga en el olvido: para escribir literatura hay que cuidar mucho la forma, hay que saber emplear el lenguaje a la perfección, hay que conocer el ritmo narrativo, el tempo, hay que saber hacer una estructura dramática, hay que tener una idea, hay que saber desarrollarla. En eso entran muchos factores (una parte de aprendizaje y otra innata, por mucho que esto moleste a algunos —no sería la primera vez que me meto en un charco polémico—, porque lo cierto es que hay gente con más dotes para una cosa que otra gente, y si eso vale para el baile, el canto, la pintura o el cálculo diferencial también vale para la literatura. Baste decir que también cualquiera puede ser el amo de la pista de la disco un viernes por la noche a golpe de reggeton y sin embargo no tener lo que hay que tener para que lo contraten en el Bolshoi. Escribir un libro es complicadísimo, y os aseguro que no sólo hay que saber que la M con la A es igual a MA.

Hablando de lo cual, otra forma facilísima de encabronar a un escritor es plantarse en su muro/twitter/blog/mail y dedicarse a escribirle mensajitos en lenguaje… digamos “descuidado”. Tú le llegas y le dices ke su hovra es marabiyosa i te la as leido en hun dia y al escritor se le inflamará el hemisferio sur del cerebro hasta que le salga pus por las orejas. Y si encima el mensaje viene a decir que da higual komo hescriva el hinterlocutor poke total se hentiende hijual i hel lenguage tiene ke hebolucionar, y que total lo himportante no es la hortojrafia sino hel mensage, las circunvoluciones cerebrales del escritor se pondrán rectas y se le saldrán por los ojos a ritmo de conga para echar a correr hacia ti y clavarte las neuronas en la yugular. Y ya si después de todo eso le dices que yo tanvien kiero ser hescritor/soi eskritor, entonces la diversión no tendrá fin. Esto viene unido, por cierto, a lo mucho que otros escritores pueden encabronar a los escritores: cuando alguien publica/autopublica sin hacer una mínima revisión ortotipográfica, por ejemplo, desvalorizando a todo el gremio. Aquí también entran las editoriales, que no se crean que por ser editoriales se van a librar de la quema: no, si hoy tenemos para todo el mundo, no os preocupéis…

Una forma muy facilita y elegante de encabronar a un escritor es decirle que «la literatura es cultura y debe ser gratuita», y seguir con el argumento de que la cultura es un derecho universal y el acceso a la misma debe serlo también. En ese momento al escritor se le cambiará el color de la cara y las pupilas se le dilatarán cual gatete en pasillo con nocturnidad y alevosía. Es hasta posible que empiece a palpitarle una vena de la sien, o dos, o tres. Vamos a ver: que sí, que todo eso está muy bien y queda muy políticamente correcto, pero hay que tener en cuenta que la cultura NO SE HACE SOLA. Hay alguien que empuña el martillo y el cincel. Hay alguien que rueda la película, alguien que maneja la cámara, alguien que interpreta al personaje. Hay alguien que, y de esto sé un rato largo, se deja las horas, el cerebro, las pestañas, la espalda y el trasero delante de un teclado para crear ese libro, para crear esa cultura. ¿Todo gratis? ¿Es cultura, no debo pagar por ella? ¿Y quien la hace no debe cobrar por hacerla? Vamos a dejarnos de hostias: lo del “amor al arte”, y perdonadme que sea así de brusca, me lo paso yo por el forro de los ovarios. AMO MI TRABAJO. Adoro escribir. Me apasiona. No soy feliz si no lo hago. PERO ES UN TRABAJO. Y el que opine lo contrario, que se pase ocho horas diarias delante de un ordenador luchando con su propia mente y con su propio cuerpo para escribir una historia, y luego venga y me lo cuente. ¿Que alguien que pasa ocho horas dándole a la tecla para escribir informes de contabilidad sí debe cobrarlos, pero alguien que pasa esas mismas horas dándole a la tecla para escribir una novela no? ¿POR QUÉ? “Es cultura, tiene que ser gratuita”. En ese caso, que la cultura la haga alguien que no tenga que comer, ni que pagar facturas, ni que mantener a una familia. Porque los artistas, los culturetas, los que hacemos estas cosas que se denominan “cultura” por denominarlas de alguna forma, también somos humanos, y comemos y dormimos igual que todos los demás, a ver qué nos hemos creído, que como nuestro espíritu ya tiene suficiente alimento con la creación de nuestras obras ya no necesitamos meternos en el cuerpo más nutrientes, o algo así, ¿no?

¿Veis? Ya me he encabronado. Es fácil, ¿no? :P El caso es que eso de “la cultura tiene que ser gratuita” me suena muy a menudo a excusa para descargar libros en Epub Gratis. Pero pedirle a un escritor que trabaje gratis (que no cobre por sus libros) es como pedirle a una cajera de Zara que no cobre por pasarse ocho horas de pie colocando jerseys y llevando vestidos de una talla más al probador. Y si aún consideráis que escribir no es un trabajo, poneos a ello: os reto a que escribáis una novela de 200.000 palabras. A ver qué os parece.

Lo que me lleva a otra frase que también puede encabronarnos, y mucho, y es muy sencilla de pronunciar: «Los escritores sólo se preocupan por el dinero», seguida de la muy famosa y nunca bien ponderada «Quiero leer tu libro, ¿me lo mandas gratis?», y culminando en la preciosísima «Eso de cobrar es prostituir el arte», porque parece que al cobrar por una novela estamos escribiéndola pensando únicamente en la pastarraca gansa que nos vamos a llevar con ella y que nos va a dar para comprar el segundo yate y la casa de fin de semana en La Moraleja. Esperad, que me carcajeo un rato: JA-JA-JA. Hala, ya. ¿Un abogado prostituye la justicia por cobrar por acudir a un juicio a defender a un tío? ¿Un médico prostituye el juramento hipocrático por cobrar un sueldo por curar enfermitos? Lo chungo de este asunto es que encima la literatura es algo así como el curro peor pagado a este lado del Misssissippi, y al otro lado más o menos también. Cobramos menos que si empleásemos ese tiempo fregando escaleras o vaciando ceniceros. Los tipos como Stephen King o J.K. Rowling son la puñetera excepción que confirma la puñetera regla: sabed, hermosos míos, que yo me llevo de cada ejemplar que vendo la inmensa cantidad de 1’70 €. Haced cuentas y venid a decirme que sólo me preocupo por el dinero cuando dedico meses, años, mi vida entera, a escribir y pulir esa novela que luego me va a reportar… 1’70 €. Con esas cifras, hay que ser muy idiota para prostituirse escribiendo… con lo cerquita que está la Casa de Campo.

Ya tenemos a nuestro escritor a punto de entrar en modo berserker, pero no os preocupéis que aún podemos encabronarlo un poquito más. Utilizando la siguiente frase: «El arte es minoritario, la buena literatura es la que sólo unos pocos elegidos aprecian/entienden, y todo lo que sea entretenimiento de masas es sub-literatura y no merece ser llamado arte.» El hipsterismo/gafapastismo (llevado a los extremos) siempre me ha tocado un poco la moral, pero que alguien considere que una obra entretenida o una obra que aprecian millones de personas es, por definición, de mala calidad, ya es el colmo de la pedantería. Vamos, es facilísimo entretener a la gente, casi tan fácil como tener ventas millonarias. Me encabrona tanto eso como lo de que la fantasía es un género malo/menor/subcultura/para críos (que tiene su máximo exponente en el «¿Y tú cuándo vas a escribir literatura de verdad?»), y casi al mismo nivel que la bonita frase, que he oído/leído en multitud de ocasiones, de «Yo es que no leo a autores españoles.» Mejor no comento, que me vuelvo a cabrear y no son horas.

Formas fáciles de encabronar a los escritores, seguimos: «Uy, pero (inserte autor aquí) ya hizo algo parecido…» Coño, es posible que él y otros quinientos autores más, que la gente lleva escribiendo literatura cosa de veintiséis siglos. Os reto a encontrar un tema, UNO, sobre el que NADIE haya escrito jamás. Incluso si no has leído al autor en cuestión, incluso si no tienes ni puñetera idea de que alguien haya escrito sobre lo que tú has escrito, es prácticamente imposible que nadie lo haya hecho. De ahí lo que digo yo muy a menudo, “Leches, ya he vuelto a plagiar a alguien a quien no he leído”. Me pasa a menudo. De hecho, nos pasa a todos. ¿Por qué? Porque a ti se te ocurren ideas, y es muy probable que esas ideas se le hayan ocurrido antes a otro alguien. Lo original está en la combinación de ideas, en el desarrollo de la historia, en la forma de tratarlas. Las ideas originales no existen. Haced la prueba.

¿Queréis poner al escritor a punto de ebullición, o provocarle un ictus que le deje con la mandíbula colgandera durante veinte o treinta meses? Añadid a todo lo anterior lo siguiente: «Juer, menudo tocho es tu libro, te mola meter paja, ¿eh…?» Grrsssmmmgggñgñgñgñññ a verrrrrrrr, para empezar, antes de juzgar si el libro tiene relleno o no HAZ EL FAVOR DE LEERLO. Para seguir, el hecho de que un libro sea largo no significa que esté lleno de escenas superfluas/innecesarias. Cada historia es un mundo. Cada novela tiene la extensión que tiene que tener. Hay novelas cortas que no dicen nada y novelas largas que dicen un montón, y viceversa. No se puede juzgar un libro por la cantidad de páginas que tenga.

Decíamos antes que también los demás escritores tienen en su mano el poder de encabronar a sus compañeros de profesión. Pues bien, eso no se limita a la cuestión ortotipográfica: también hay muchas otras actitudes que cabrean, y mucho, a sus camarradas. Por ejemplo, cuando fomentan esa imagen etérea y espiritual del escritor como artista elevado que vive del aire (ayudando con ello a los que insisten en que los libros deben ser gratuitos y los autores no cobrar por escribirlos). O cuando, y esto creo que ya lo he comentado en mil millones de ocasiones, se dedican a ponerse zancadillas los unos a los otros, siguiendo la estupendísima filosofía del «Si yo no llego, no llega nadie» o la teoría de que «Si todos se hunden a mi alrededor, yo sobresaldré». Que hay que ser imbécil, con todas las letras, para no darse cuenta de que es mucho más fácil subir a rebufo de alguien (que se lo pregunten a los ciclistas), y que el hecho de que los autores de nuestro entorno estén bien valorados hace que todo el género literario suba de cara a los lectores y editores y, en consecuencia, tú mismo también subas. ¿Que el de al lado triunfa como la coca-cola? No le des un martillazo por ser el clavo que sobresale, mamón: agárrate a él y sube detrás, o incentiva que suba todo el género para subir tú con él.

Que también, aunque no lo parezca, con esto está relacionado otro tema encabronante en grado sumo: el asunto de las reseñas tramposas. ¿Queréis encabronar a un escritor? ¿Tenéis un blog? ¿O una cuenta en Amazon, o twitter, o lo que sea? Escribid lo siguiente: «(inserte título de libro aquí) es un asco.» Punto. Sin más explicaciones ni calificativos. (También el autor se encabronará si cambiáis asco por maravilla, aunque los motivos serán diferentes). Suelen ser “reseñas” realizadas o bien por los enemigos del escritor (o por otros escritores que, siguiendo al pie de la letra el punto anterior, intentan sabotear a nuestro pobre autor) o bien, en el segundo caso, por los amigos y familiares que intentan “ayudarle”. Las dos son prácticas desleales y chungas, la primera por cabrona, la segunda por publicidad ‘engañosa’: si realmente quieres hacer una crítica positiva o negativa de un libro, hazla bien. Para empezar, leyéndote el libro xD xD xD. Del tema de la “compra” de reseñas hablaremos en otro momento (ésa sí que entra ya de lleno en el ámbito de los ‘compañeros de armas’; no hablamos de compra con dinero en efectivo, sino más bien del famoso ‘quid pro quo’ que, si bien no es una práctica en principio nefasta, sí cae en la publicidad engañosa de la que hablábamos antes: «Te hago una reseña positiva de tu libro si tú me haces una reseña positiva del mío.» Y así nos luce el pelo, que ya ni dios se cree lo que dicen las reseñas por mucho que tú, inocente de ti, ni siquiera conozcas al pavo que te ha hecho la crítica y lo que dice sea, de verdad, lo que piensa sobre tu libro. Y eso encabrona, porque conseguir una crítica positiva AUTÉNTICA no es nada fácil y se ha devaluado por completo al proliferar las críticas ‘compradas’).

Hay muchas más formas de encabronar a un escritor, aunque las que quedan están más limitadas a editoriales y distribuidoras (retrasar pagos, la política de incomunicación, no pagar, estafar, ‘pasar’ del libro en beneficio del libro de al lado, pedir un manuscrito con urgencia y luego no abrirlo en un mes, las fechas de entrega cortas que luego se alargan en sus manos meses e incluso años, las modas editoriales, la falta de cuidado en la edición, la nula promoción, las mafias de distribución, etc etc etc), así que lo vamos a dejar aquí porque eso da para otro post. Da igual. No necesitáis mucho más para encabronar a un escritor: si le decís todo eso que os he comentado antes, SEGURO que conseguís que el escritor en cuestión os regale una obra maestra de gore nacional con espachurramiento visceral, descuartizamiento masivo y apertura en canal de cuerpos vivos. Lo mismo se documenta con vosotros antes de escribirla, eso sí. Que la literatura no sólo es trabajo y arte: también es catarsis. Bwahahahaha.