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domingo, 5 de agosto de 2012

Abarrotado de muggles




Hacía ya unos cuantos años que había abandonado mi potterismo extremo. Ahora que lo pienso, creo que lo dejé incluso antes de la publicación del último libro: cuando salió a la venta Harry Potter and the Deathly Hallows mi síndrome obsesivo-compulsivo había cambiado al niño mago por otra saga de fantasía llamada, a algunos os sonará, Canción de Hielo y Fuego, y por mi propio mundo, Ridia. Y el (a mi juicio) cutrísimo epílogo del último libro no hizo nada por devolverme ese guñiguñi que tenía yo por Harry Potter: más bien al contrario, cerré el libro cuando lo acabé y dije “pos vale”, y punto. De eso hace tiempo, cinco años creo que han pasado desde que salió a la venta ese último volumen en inglés. Y en estos años sólo recordaba Harry Potter muy de vez en cuando, y sólo como cuando uno se acuerda de algo muy lejano, con nostalgia, una sonrisa en la boca casi casi condescendiente. ¿Sabéis esa cara que ponemos al acordarnos del primer novio/a que tuvimos allá por pfffs el Pleistoceno Tardío? Pues eso.

Estas últimas semanas, después de muchas docenas de meses sin pensar en Harry Potter, se me ocurrió así de repente que me apetecía releer los libros, todos seguidos, desde el principio hasta el final, para comprobar (ahora que mi mente ya estaba limpita de teorías y conspiranoicas y desilusiones y subidones) la coherencia de la historia. He tardado un par de semanas en releerlos, los siete, en inglés (allá por cuando salió el 5 decidí que no me acababa de convencer la traducción). Y justo cuando estaba terminando de leerlos decidí hacer otra barrabasada de las mías: tomarme 20 horas de descanso y pasarlas delante de la pantalla viendo las 8 películas seguidas. Así, sin anestesia, sin dormir, sin parar a descansar ni para dar un paseo; como mucho, ir al baño, coger algo de comer para no morir de hambre ni de una súbita explosión de algún órgano interno. Sí, a veces me da por hacer salvajadas de ese estilo, qué le voy a hacer. Soy así de rara.



Lo curioso, que es lo que venía yo a contaros, es que ahora que he terminado de leer el último libro y que he terminado de ver la última película me siento vacía. No, no es por la falta de sueño, que ya he dormido xD. Tampoco es por la falta de alimento, porque he comido. Es una sensación que no sentía desde hacía ya muchos años: la sensación de que nada más te va a llenar tanto, de que todo lo que venga después será menos apasionante, menos obsesionante, menos mágico. ¿Habéis sentido alguna vez algo así al acabar un libro o una peli? Entonces sabéis a qué me refiero.




La cuestión es que yo no contaba con que esto pudiera volver a sucederme después de tantos años, y más después de haber abandonado la historia de Harry Potter con un simple “pos vale” y un encogimiento de hombros. Entendedme bien: recordaba haberlo pasado francamente bien con Harry Potter, me acordaba del chaval con mucho cariño, pero creía haber superado con creces ese guñiguñi de “dioses, y ahora qué, estoy vacía, no hay más Harry Potter hasta el próximo libro”. Había perdido la magia. Me había convertido en una muggle.


Estos últimos años he visto por muchos foros y redes sociales una cuestión muy curiosa, que además creo que ocurre a menudo cuando un fenómeno mundial se acaba: la gente también había perdido la magia, y lo había hecho a lo bestia. Críticas descarnadas a los libros, intentos de ocultación de la evidencia del tipo “yo jamás he leído eso/no me gusta/es para niños/qué dices, con lo que mola esto otro, Harry Potter apesta”, los nuevos muggles le habían vuelto la espalda como ocurre siempre con estas cosas: sale algo nuevo, lo anterior es malo e indigno, haberlo apreciado es una vergüenza. Con mis tibios comentarios de “ay, pues a mí me gustaba mucho” tampoco es que lo defendiera en exceso, la verdad, pero es que me había quedado con la sensación de “pos vale” del epílogo del libro 7...



Por eso quería yo contaros lo que he vuelto a sentir al releer esos libros después de tanto tiempo. Magia, pura, simple y sin adulterar: la imposibilidad de dejar de leer, fuera la hora que fuese, a pesar de recordar la historia a la perfección. La sensación de estar de nuevo metida en un mundo real, de ser uno de esos personajes, de estar justito entre Harry y Voldemort en el momento del Priori Incantatem. Un gusano en el estómago que no paraba de retorcerse. Vamos, que me he vuelto a enamorar de esos libros, completa y apasionadamente, de la primera a la última de sus páginas, del primero al último de sus personajes.



¿Por qué? ¿Y yo qué sé? Porque son reales. Porque ese mundo mágico paralelo al mundo real es tan similar, es tan lógico, funciona tan bien, que es muy fácil creer en él. Porque la estructura de los libros está hecha para que funcione, el planteamiento del misterio, el final épico, los pasos que los personajes dan para llegar hasta allí. Porque los detalles son infinitos y maravillosos. Porque Jotaká nos mete en la cabeza de Harry y, aunque el mismo Harry nos caiga mejor o peor, es imposible no crecer con él, abrir el primer libro y convertirte en un niño de once años y cerrar el último siendo un hombre de dieciocho (el epílogo no cuenta, gracias xD), sufrir los mismos miedos, ansiedades, inseguridades y penas que él, desear, como él, que llegue el momento de volver a Hogwarts. Y porque Harry, en su viaje de la infancia a la edad adulta, pasa por lo mismo que pasamos todos en nuestra vida diaria: el miedo al rechazo, la inseguridad, la necesidad de sobreponernos a los problemas y dificultades y luchar por lo que creemos o debemos o queremos, la pelea por encontrar dentro de nosotros la fuerza para no dejarnos avasallar por el mundo.



Y en cuanto a las películas: vistas sin el filtro del “no son 100% fieles”, que siempre me hizo recordarlas como un “bueeeeeno, podrían estar mejor”, tengo que decir que me han parecido magníficas. Las ocho. Tan mágicas como los libros, con un casting sencillamente bestial, unas actuaciones magníficas (sí, incluso las de los tres niños), una ambientación acojonante… Teniendo en cuenta que me acordaba de ellas como un pfss po vale, reconozco que me han encantado. Y no era fácil, que no sólo iba yo predispuesta a que no me gustasen, sino que encima la paliza de ver 20 horas de peli acaba cansándote el ojo, la mente y otras partes del cuerpo que suelen hacer contacto con la silla.


Unas cuantas menciones especiales a gente que en su día traté mal en mis críticas a las pelis: Daniel Radcliffe, que lo máximo que había recibido de mí es un “meh”, me ha demostrado en este visionado maratoniano que ES Harry Potter, y que se crece cuanto más difícil es la escena; Alan Rickman, que en su día pensé que sobreactuaba, ES Severus Snape y cuando ves las pelis desde el principio hasta el final te das cuenta de que estaba haciendo el papel a la perfección incluso cuando no sabía cuál era su papel en todo detalle (cuando aún no habían salido los últimos libros); Michael Gambon, al que me costó aceptar porque se me había hecho el ojo a Richard Harris, le pilló mucho mejor la medida a Albus Dumbledore que el difunto, al menos a mi juicio; Matthew Lewis ha crecido tanto en la piel de Neville Longbottom que al final me da la sensación de que aporta él más al personaje literario que al revés; Robert Pattinson, del que sólo se oyen y leen pestes por culpa de su vampiro brillantoso, hizo un Cedric Diggory mucho más que digno; y David Tennant, o de cómo coger un personaje como Barty Crouch Jr, que en el guion de la peli no tenía nada que ver con el del libro, y conseguir que nos importase tres cuartos de cojón que hubieran destrozado su personaje.

De los demás para qué vamos a hablar, si están todos magníficos y la lista es interminable: Ralph Fiennes pasando por encima de los kilos de maquillaje para hacernos un Voldemort sensacional, Maggie Smith convirtiendo el caramelo de papel que es Minerva McGonnagall en un bombón de calidad suprema, Gary Oldman y su Sirius Black que pasa de parecer un maníaco asesino a un padre afectuoso sin que dejes de creer por un instante en su personaje, Imelda Staunton haciendo una Dolores Umbridge sencillamente impresionante, David Thewlis y su estupendo Lupin, Helena Bonham-Carter bordando una vez más el papel de chalada perdida, Jason Isaacs, Emma Thompson, Kenneth Branagh, Robbie Coltrane, Emma Watson, Rupert Grint, Tom Felton, Evana Lynch, Natalia Tena… creo que no hay ni uno que haga un mal papel, y la mayoría están sencillamente sobresalientes. Y encima pegan, que eso ya es pa nota: los únicos que no acaban de encajarme en sus respectivos personajes (por el físico) son Fiona Shaw como Petunia, David Tennant como Barty Crouch Jr y Jim Broadbent como Horace Slughorn, y los tres lo hacen taaaaan bien que da igual (sobre todo, a mi juicio, los dos primeros).


¿Que hay cosas criticables, tanto en los libros como en las pelis? Claro que sí. El epílogo yo sigo diciendo que es indigno. Y sigo gruñendo por el cambio del actor que hace el papel de Tom Riddle en la peli 2 y la 6 (el cambio de Dumbledore me fastidia igual, pero es que si un actor se muere pues qué le vas a hacer, no vas a volver a rodar las dos pelis que ha hecho, pobre hombre); la segunda película me parece un poco lenta y carente de ritmo; que no respeten su propia coherencia interna en las películas me fastidia un montón (sobre todo en cosas importantes como que a Harry le amonesten un día por hacer magia fuera del cole y al día siguiente tanto él como Hermione puedan hacer magia como quieren, o que en un sitio no se pueda hacer magia pero sí iluminar una varita, o que cualquiera pueda al final bloquearle a Voldemort un Avada Kedavra como si todas las varitas de to dios tuvieran una pluma de Fawkes en los adentros); la historia de los Merodeadores y, sobre todo, la de Tom Riddle deberían haberlas tratado con un poquitito más de mimo. La estética de Hogwarts y de Flitwick me gusta más a partir de la peli 3, pero ese cambio tan brusco me sigue descolocando, parece otro colegio y parece otro profesor.

Sí, hay cosas que podrían molar más. Pero, después de tantos años de “pos vale”, yo ahora mismo vuelvo a sentir el guñiguñi, los gusanitos del estómago, la magia de Harry Potter. Y supongo que no seré la única que vuelva a meterse en esa historia después de un tiempo y sienta de nuevo cómo se enamora del mundo de Jotaká. Si no me creéis, haced la prueba este veranito, aprovechando que hay tiempo (el que lo tenga).

Dicen que se sabe qué fenómeno se va a convertir en un clásico cuando pasan unos años desde su finalización. No sé si cinco años son suficientes, pero para mí han bastado para demostrarme que, al menos en mi caso, Harry Potter es ya un clásico con todas las de la ley. Y con toda la magia del mundo. Y si soy la única que vuelve a enamorarse de Harry, pues entonces será que el mundo está abarrotado de muggles xD xD



Nota al margen: me voy de vacaciones un par de semanas, de modo que si veis que tardo en aprobar vuestros comentarios no os llevéis las manos a la cabeza :P que el acceso a Internet no siempre es tan sencillo...