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miércoles, 26 de enero de 2011

Lanhav

Iba a actualizar con otro tema, pero creo que merece la pena posponerlo unos días para compartir esta pequeña maravilla con vosotros. Es un dibujo que me ha hecho mi hermano, el ya famoso dibujante Kiko Pérez, y que representa uno de los escenarios de mi Ridia... En concreto es Lanhav, la capital de Novana, y su fortaleza de La Isla. No os preocupéis si no sabéis dónde anda: es el principal escenario de Mellizo, la segunda novela de la saga, así que no aparece en La Elegida de la Muerte (Öiyya). Pero, lo conozcáis o no, no me digáis que no es una auténtica preciosidad...

sábado, 22 de enero de 2011

Esto va a ser un poco violento

Lo aviso desde el título para que luego no haya lugar a error xD y por eso, antes de empezar, un pequeño prólogo a modo de preliminar: lo que voy a explicar puede resultar incomprensible, pero os aseguro que es lo que siento. ¿Que soy un poco rancia? A veces, sí =( o quizá no sea ranciedad sino inseguridad, no lo sé.
No, hoy tampoco estoy hablando de literatura. No en sentido estricto, al menos. Veréis: muchos de vosotros ya lo sabréis porque lo he comentado en nuestro bienamado/bienodiado Facebook, pero para los que no lo sepáis, esta semana (interminable) he estado luchando a brazo partido, con uñas y dientes y todas las frases hechas más o menos belicosas que se os vengan a la mente contra una cruenta invasión de virus de la gripe (estacional, A, mixta, con huevo, una nueva cepa o todas las anteriores, no lo sé; que era gripe, eso seguro. Se les notaba en la cara a los cabrones).

El caso: para los que tampoco me conozcáis mucho, yo nunca tengo fiebre, salvo que esté realmente enferma. Mi temperatura normal es de 35º, y cuando me resfrío lo que tengo es hipotermia (34, incluso 33º). ¿Que por qué os digo esto? Pues porque así os podéis hacer una idea de lo moribunda que me he encontrado al pasar cuatro (¡Cuatro!) días y medio con 37-39º. Vaya, moribunda es poco. Si a eso le unimos el equipamiento de serie que trae la Gripe 2011 Serie B (tos seca imparable, congestión nasal, descongestión intestinal, dolor de cabeza, dolor dental, frenos ABS…) os imaginaréis que he pasado una semana de perros no, lo siguiente. Muy malamente, que se suele decir. Ay, Señor, llévame pronto, y todo eso.

=) ya se ha pasado. Bueno, ya he pasado la fiebre y lo del digestivo, que era lo peor: la tos y los mocos se han quedado, pero ya los expulsaré, ya (muajaja). Lo que pasa es que quería explicar una reacción que he intentado hacer entender a una serie de personas durante estos días y que creo que no lo he conseguido =( bueno, no a todos; algunos sí lo han entendido. Otros no. Y es que con eso de que cada uno es un mundo parece que se nos olvida que el de al lado quizá no sea el mismo mundo que nosotros. O, lo que viene a ser lo mismo, que lo que vale para uno no vale para el otro. ¿Divago? Serán los restos del algodón que ha rellenado mi cabeza estos días (por los dioses, parezco haber estado momificada en vida xD), ya voy al grano, ya. Impacientes :P

Desde el primer momento en que dije “O-oh, vaya: 39º, va a ser que estoy enferma…” un pequeño regimiento de personas, familiares, amigos y conocidos se han preocupado por mi salud. Es lo normal, diréis: para eso están, igual que nosotros estamos para cuando el vecino está enfermo, ¿no? Vale, pues sí, y yo desde luego lo agradezco, pero aquí es donde entra lo que algunos denominan “mi ranciedad” (léase con tono de Triana en canción ochentera: Miiii ranciedad… nainonaino naaai, eeeeeeeeh…): todos ellos (salvo los dos que lo han entendido) se han pasado los cinco días insistiendo en que buscase la compañía de alguien, preguntando si en Mérida tenía a alguien que viniera a verme, si algún amigo, vecino, compañero de curro o lo que fuera venía a visitarme diariamente, etc etc etc. El extremo llegó, por supuesto, cuando mi queridísima madre (a la que adoro, que no haya malentendidos en este aspecto) me informó taxativamente de que se iba a plantar en mi ciudad y en mi casa al día siguiente.

Veeeeamos. Es que yo pensaba que lo había dejado claro y resulta que “Quiero estar sola” no es claridad suficiente. Si yo digo “no quiero ver a nadie, quiero estar sola” no estoy queriendo decir “no quiero ver a nadie salvo a media Humanidad, mi familia, veinte amigos, la vecina del quinto, el portero de mi casa y un señor de Murcia que pase por la calle en ese momento”. No, nadie es NADIE. ¿Qué parte de “nadie” no entendemos?

Veeeeeeamos, parte II: que sí, que comprendo perfectamente que en ese sentido yo puedo ser rara, y que el resto de los seres humanos de este planeta prefiere tener a alguien a mano que les haga mimitos y los recados y todo eso. Vale, yo no. Pero entiendo que soy extraña, así que me aseguro de decirlo para que quede claro porque entiendo que la gente no tiene por qué saber cuán rara soy. Pero a ver, si digo “quiero estar sola” es “sola”, no “acompañada sólo por mi madre, mi padre, mi hermano, mi prima Petra, mi gato, mis sobrinos y la novia de mi primo segundo que no puede venir pero me manda saludos”. No pensé que fuera necesario andar explicándolo diariamente. Y mucho menos tener que pelearme a gritos con nadie porque no es capaz de entenderlo. No-ven-gas. Se puede decir más alto, pero no más claro. Bueno, pues no: durante cinco días he pasado las pocas horas de consciencia que me prestaban los virus peleándome por diversos medios (teléfono, sms, chat) con gente de distinta procedencia que, día a día, hora a hora, insistía en preguntarme si “no hay nadie que vaya a echarte una mano/hacerte compañía/darte un achuchón”. A ver, gente: que esto puede sonar a ingratitud total por mi parte, pero que por mucho que agradezca vuestra preocupación, de verdad, de verdad, de verdad, nadie es nadie, maldición =( no me hagáis repetirlo otra vez… que cansa, y me duele la cabeza y la garganta y no puedo pensar y lo que menos me apetece es repetir otra vez lo mismo. No, mamá, “nadie” también te incluye a ti: yo te quiero un montón, pero nadie es nadie, no “nadie excepto yo”. Y no echo al gato porque no puedo dejarlo en ninguna parte mientras tanto, maldita sea.

Así que lo diré una vez más a ver si queda claro =) : os agradezco hasta el infinito y más allá (de verdad de la buena) a TODOS la preocupación, la buena voluntad y las ganas de ayudar, pero de verdad, DE VERDAD, si digo que no quiero ver a nadie es que NO QUIERO VER A NADIE. No, mamá, a ti tampoco, por muy madre mía que seas y mucho que te quiera. No, no quiero mimos: los mimos pueden apetecerme un minuto, pero ¿qué hago con el/la mimador/a el resto del tiempo? ¿Le/la mando a por coquinas? ¿No sería eso muchísimo más ingrato por mi parte? No, no quiero tener a nadie en mi casa, no quiero que nadie me haga la compra, no quiero que me hagan la cama ni la comida, no quiero naaaadaaaaaa, sólo quiero morirme en paz yo solita hasta que me recupere y vuelva a ser humana. ¿Suena egoísta? Os aseguro que no es mi intención: sólo quiero explicar que, cuando estoy tan enferma que me siento morir, no deseo ver a nadie. O no deseo que nadie me vea, no lo sé.

Analizando, tal vez este sentimiento se puede englobar dentro de ese saco de “inseguridades varias” que estamos intentando abrir estos últimos meses a ver si conseguimos vaciarlo. Yo creo que al estar enferma me siento tan vulnerable que no soy capaz de soportar la idea de tener a nadie a mi lado. Claro que también puede ser cosa del orgullo y de no querer que me vean hecha un fantoche, quién sabe. O, sencillamente, que me siento tan mal que no quiero tener que preocuparme por si el que ha venido a verme se siente cómodo o no en mi casa (eh, puedo ser muchas cosas, pero anfitriona preocupada lo soy un rato xD). El caso es que quiero estar sola, y arrastrarme por mi casa, y meterme en la cama, y salir de ella, y ducharme, y temblar, y comer si puedo, y delirar, y hacerlo sin tener que dar explicaciones a nadie, hasta que llegue el día (como hoy) en que vuelva a estar consciente y mire a mi alrededor y diga “Ups”, y que nadie salvo yo tenga por qué enterarse de que mi casa ha sido declarada Zona Catastrófica y que mi cuerpo requiere una restauración con andamiaje incluido para recuperarse de los estragos víricos. Pero eso lo sé yo y mi espejo, nadie más. “Nadie”, no “nadie excepto mi madre, mi padre, mi hermano, mi prima, la novia de mi primo segundo, mi vecina, la cajera del Super y un señor de San Sebastián que en realidad quería visitar el Teatro Romano”.

Y después de esta Declaración Universal de la Circunstancia de la Escritora Arisca e Intratable, sí diré que por supuesto que os agradezco muchísimo a todos vuestra preocupación y vuestro interés y vuestro cariño, y que sé perfectamente que estabais ahí todo el rato. Pero no me hacía falta veros para saberlo ;)

Y qué leche, que aunque pueda parecer lo contrario, se os quiere. Mucho. Pero, en determinados momentos, yo quiero a la gente a distancia xD rara que es una.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pues claro que se puede!!!

Para que luego digan que no soy optimista. ¡Pero si no puedo serlo más! Tan optimista soy, que a veces hasta vivo en un jodido mundo de luz y color y me niego a ver el B/N que en realidad me rodea.

"¿Y entonces por qué llevas tres meses de depresión?", preguntará alguno. Hombre, pues porque todo tiene un límite, y mi optimismo no es ilimitado. Se acaba, en algún momento. Y hace tres meses se me acabó. Un rato. ¿Que ahora lo he recuperado? Bueno, en determinados aspectos sí. En la cuestión laboral, no. Y en otras, tampoco. Pero hay algunas, y en este caso me refiero a las cuestiones literarias, en las que mi optimismo es casi patológico.

Os voy a contar una historia. Hace más de veinte años, allá por el barrio de Argüelles de Madrid, una chavala que apenas había cumplido los 11 cogió un cuaderno de esos sin cuadrícula y tamaño DIN-A4, se hizo una plantilla aparte con una regla para que las líneas no salieran torcidas, y empezó a escribir un cuento. No era el primero que escribía: ya había tenido un par de intentos infructuosos, de los cuales su hermano mayor se había reído tanto como para doblarse de la risa: una bonita merienda de enanos en la que, de los dos folios escritos, uno y medio eran nombres (sic.), y un prólogo que se convirtió en la primera de muchas veces que la chavala iba a plagiar a autores que no había leído (después, al leer El retorno de los dragones, comprendí por qué mi hermano me decía que una escena en la que un viejo advertía a una posadera de que se iba a liar parda NO era original. Pero juro por los dioses que cuando escribí aquello NO había leído la Dragonlance. En fin.)

Aquel primer cuento iba a estructurarse en tres partes, y tenía el "sugerente" título de Los magos de Kysa. Tenía cinco protagonistas: dos humanos (hembra y macho), dos elfos (hembra y macho) y un enano (me pregunto por qué ya en aquella época desdeñaba a los enanos como seres asexuales. Y eso mucho antes de leer a Pratchett, ¿eh?). Creo recordar que no llegué a superar las cincuenta páginas, pero sí que se lo di a leer a mi hermana, a mi hermano y a mi tía Espe. ¿Qué reacción tuvieron? Mis hermanos, tibia: algo así como "Está muy bien, eaeaeaea". Mi tía, eufórica: "¡Pero qué bien escribe esta niña!"

Desde entonces y hasta los fics de Harry Potter que me pusieron en la senda de la literatura amateur y, más tarde, profesional, hubo poca cosa: algún que otro relato, alguna que otra escenita, alguna que otra idea plasmada en una servilleta... sin embargo, nunca dejé de escribir, aunque fuera poco e improvisado.


¿Que a qué viene todo esto? Supongo que estoy buscando las razones que me han hecho decidir que un tropezón NO va a conseguir que deje de intentar avanzar, y que un golpe NO va a echarme del camino. No, cuando ya allá por la época en la que hacíamos dictados en clase yo me inventaba historias a partir de las frases que nos leía en voz alta el profesor ("Ahí hay un hombre que dice "¡Ay!"... seguro que es porque tiene piedras en el riñón", recuerdo haber pensado una tarde tonta). No, cuando los exámenes de historia de quinto de EGB los redactaba con diálogos entre los personajes y todo. No, cuando la primera vez que me enamoré en vez de una carta de amor le escribí al interesado un relato de veinte páginas.

Mi optimismo me dice que "bah". ¿Que no ha sido a la primera? Pues será a la segunda. E incluso va más allá, y me dice que, teniendo en cuenta el sueldo que tengo como periodista, poquito me va a faltar para superarlo con eso que se puede llamar "fracaso" o "éxito", dependiendo de con qué lo compares (con el mercado general o con el mercado de fantástico español). Mi optimismo me dice que siga adelante, que igual vivir no, pero seguro que en breve consigo malvivir de esto. ¿Y quién soy yo para contradecir a mi optimismo?

Si veis en esta entrada algo que no tenga sentido, no me lo tengáis en cuenta: es la fiebre, que me tiene un poco tontorrona :P

miércoles, 12 de enero de 2011

Guerra de sexos

Desde hace algunos días se está desarrollando en el foro de La Elegida de la Muerte (http://www.oiyya.com/viewtopic.php?f=5&t=114) un debate que me ha parecido lo suficientemente interesante como para hacer referencia a él, aunque prometí no participar en el foro por aquello de que juego con ventaja (¿Cómo voy a discutir acerca del significado, pasado, presente y futuro de una historia que he creado yo misma? Cuando alguien "se sabe el final" no puede entrar en divagaciones, les cortaría el rollo a todos de muy mala manera...). Dicho debate también lo he visto en otros foros no específicos de mi novela, como Asshai (http://www.asshai.com/foro/viewtopic.php?p=409683#409683), un foro en el que pululo bastante desde hace muchos años.

El caso: el debate viene a plantear una cuestión que me ha parecido bastante curiosa, y es que La Elegida de la Muerte (Öiyya) puede haber tenido un par de tropezones en las librerías porque su portada y su título dan la sensación de pertenecer a una novela destinada exclusivamente al público femenino, y a partir de ahí se ha desarrollado una discusión (muy calmada y educada, eso sí) acerca de la posible diferencia entre los escritores y las escritoras a la hora de plasmar sus historias en papel.

Vayamos por partes, como decía Jack El Destripador: en primer lugar, la portada. Alguien insinuó que la portada de la novela era una portada de literatura "femenina". Para empezar, me gustaría saber qué entiende esta persona como "literatura femenina": tengo una idea aproximada que me hace pensar en novelas de corte romántico, destinadas a un público muy diferente al que suele tener la fantasía épica o la espada y brujería, dos géneros dentro de los cuales, creo, se puede encuadrar a La Elegida de la Muerte (Öiyya).

Vaya por delante que no tengo absolutamente nada en contra de ese tipo de literatura, y que de hecho en su día fui consumidora de ella (hay novelas románticas verdaderamente maravillosas). Sin embargo, no creo ni por asomo que mi obra se pueda encuadrar dentro de ese género: si hubiera querido escribir novela romántica, lo habría hecho. Quizá algún día lo haga, ¿por qué no? Es literatura, y como en todos los géneros, hay obras buenísimas y obras malísimas. La cuestión es que no es ese tipo de literatura el que yo tenía en mente cuando escribí esta novela, y me ha sorprendido que alguien pueda catalogarla así basándose simplemente en la portada y en el título. También me habría sorprendido que alguien la incluyera en ese género partiendo del contenido del libro, porque creo que no se acerca al romanticismo ni a la supuesta "femineidad" del género ni siquiera un poquito; pero, puesto que del contenido hablaremos más adelante, centrémonos en la portada.

En serio, ¿alguien puede pensar que la imagen de Issi sujetando una espada salida de los sueños más febriles de un adorador de Warhammer se parece siquiera en el blanco de los ojos a la portada de una novela destinada al público femenino? Puestos a equiparar, vamos a dejar a un lado las portadas de la literatura romántica actual en todas sus variantes (histórica, chic lit, etc) y centrémonos en la romántica paranormal, que tal vez sea el subgénero romántico más "parecido" a la fantasía épica. Echadle un ojo a la portada de un libro de ese género (en este caso, Kiss of the night de Sherrilyn Kenyon, tal vez una de las autoras de ese subgrupo con más éxito en la actualidad). ¿En qué se parece, tanto la imagen como el estilo como el conjunto, la tipografía, la edición, incluso el título? ¿Se puede equiparar, puesto que de títulos hablamos, "la elegida de la muerte" con "el beso de la noche"? No sé, a mí personalmente no se me parecen en nada :P

Otro ejemplo: Oscura tentación, de Larissa Ione. Novela romántica paranormal donde las haya, creo que no puede haber ninguna duda al respecto al ver esa portada. ¿Se parece en algo? O_O . Si me apuráis, digamos que hay otras portadas del género que incluyen nena en la imagen: el 90% de las veces la nena en cuestión está acompañando al maromo (mirándole con cierta adoración no exenta de dependencia, por cierto), y cuando la nena está sola no suele andar jugueteando con espadas. Y en el 0'1% de las portadas en que si hay nena-con-espada, los diseñadores se cuidan muy mucho de que la imagen, la composición y la espadita en cuestión tire más hacia el ámbito onírico-fantástico.

En el caso concreto de La Elegida de la Muerte (Öiyya), habría sido una cagada de padre y muy señor mío haber metido en una portada de romántica paranormal una espada que parece sacada de la saga de Conan el Cimmerio (puestos a compararlo con algo, mirad un segundito el cartel de una de las pelis basadas en esa serie y al señor Schwarzenegger :P hasta la pose la tiene, el tío...); ¿por qué? Pues porque igual que tradicionalmente la novela romántica está dirigida a mujeres, tradicionalmente las novelas que parten de la base creada por Robert E. Howard están dirigidas a un público masculino. ¿Qué leches hace una espada que podría empuñar Jason Momoa (:P) en las manos de una heroína que suspira por el maromo desde la primera página? O_O

Dejando a un lado la portada y el título de la novela (puestos a escribir romántica, quizá habría peleado por un título más cercano a "Pasión mortal" xD xD), el debate del que hablaba al principio ha acabado centrándose más bien en el contenido de la novela. La premisa era la siguiente: ¿escriben las mujeres para las mujeres y los hombres para los hombres? Mi novela está escrita por una mujer (obvio; al menos, lo era la última vez que me miré xD): ¿significa eso que mi público objetivo pertenece a mi mismo género? Aunque sea de forma inconsciente, ¿escribo pensando que van a leerme otras mujeres? ¿Lo hacemos todas las que nos dedicamos a escribir?

A mí me parece que la respuesta es un rotundo NO. Un escritor o una escritora puede destinar su obra a quien le parezca, eso es evidente; en el caso de la fantasía, sin entrar en los subgéneros de los que hablábamos antes y metiéndonos de lleno en la fantasía épica, el público objetivo es todo aquél al que le guste el género: ni más, ni menos. Independientemente de su sexo y de sus inclinaciones sexuales. No puedo hablar por todas las mujeres que escriben fantasía épica, pero sí puedo aventurarme a decir que la mayoría de ellas coincidirá conmigo en que, cuando te enfrentas a una página en blanco, lo que menos piensas es en si tu historia gustará a las mujeres o a los hombres. Lo importante, como en todos los géneros literarios, con independencia de si tú eres un tío o una tía, es que escribas lo que te gusta A TI.

Entonces, dirán algunos, sí que está destinada a mujeres, puesto que tú eres una mujer... :P permitidme que me ría. Estamos hablando de fantasía épica y de espada y brujería. Ahora mismo se me vienen a la mente unos cuantos títulos del género que a mí personalmente me encantan y que están escritos por hombres: empezando por Canción de Hielo y Fuego (George R.R. Martin) y siguiendo por Príncipe de Nada (R. Scott Bakker), Geralt de Rivia (Andrzej Sapkowski), Tigana (Guy Gavriel Kay), Nacidos de la Bruma y Elantris (Brandon Sanderson), La Rueda del Tiempo (Robert Jordan), el mismo El Señor de los Anillos (J.R.R. Tolkien), o, saliéndonos un poco de lo "común", Mundodisco (Terry Pratchett). Todos están escritos por hombres. Y TODOS, absolutamente TODOS, gustan por igual a hombres y mujeres. ¿Me quiere alguien explicar por qué un libro escrito por un hombre puede gustar a tíos y a tías, pero un libro escrito por una mujer sólo puede gustar a las mujeres? EEEINNN???? O_O (que se lo digan a J.K. Rowling o a Kate Elliot o a Marion Zimmer Bradley o a Ursula K. LeGuin, por poner sólo cuatro ejemplos).

Todavía voy a ir un poco más allá: en la mayoría de los libros o sagas de fantasía épica ni siquiera se nota si el autor es hembra o macho salvo por el pequeño detalle del nombre en la portada del libro. Si en vez de poner un nombre de autora pusiéramos un seudónimo y NADIE tuviera forma de saber qué aspecto tiene quien está detrás de ese seudónimo, estoy convencida de que nadie podría estar seguro de si el dueño de la mente que ha perpetrado el 95% de las novelas hace pipí de pie o sentado. Porque eso sólo se nota cuando el autor, o autora, DECIDE dirigirse a un público concreto basado en el sexo del mismo. De modo que permitidme que me quede un poquito estupefacta cuando leo cosas como que La Elegida de la Muerte (Öiyya) es un libro "para chicas", o me obligan a responder preguntas como "soy un chico, ¿me lo puedo leer? ¿Me va a gustar aunque sea para niñas?". Válgame. O, lo que viene a ser lo mismo, ¿qué tendrá que ver que mis genitales sean distintos de los de un hombretón de pelo en pecho para que mi historia le guste o no? ¿O teme que, al leer mi novela o la de cualquier otra escritora, se le caigan los congojos y su voz se aflaute de forma repentina? ¿Qué pasa, que de repente las mujeres no podemos saber lo que preocupa, inquieta, gusta o disgusta a los hombres, y viceversa? ¿No tenemos todos las mismas preocupaciones, inquietudes, gustos y disgustos? Y no, no me vale eso de "es que las mujeres son más de sensibilidad y sentimientos y los hombres son más de acción y blablabla", porque no me lo creo. O igual soy yo la rara, que me gustan las novelas de acción, o los raros son los hombres, que también escriben sobre sentimientos. Vál-ga-me.

O, como comentaba en petit comité con cierta persona (a la que aprovecho para mandar un achuchón bien fuerte), en serio, ¿pero vosotros habéis visto cómo empuña la espada esa tía? (interprétese esta frase como cada cual desee: desde el punto de vista bélico, o desde el punto de vista perverso).

lunes, 10 de enero de 2011

Lo que no se dice

A veces es peor lo que no se llega a decir que lo que se dice directamente. Esta mañana he tenido un ejemplo muy claro, relacionado con mi vida laboral (que ahora mismo está aparcada en doble fila, como muchos sabéis, debido a una baja que ya se prolonga tres meses): ha sido mucho peor entender lo que no se me estaba diciendo que escuchar lo que mi interlocutor estaba pronunciando en voz alta. Y, pese a que una ya había conseguido tranquilizarse un poco después de tantos meses de angustia, resulta que me encuentro con que, una vez más, ni soy tan fuerte como muchos imaginan ni el hecho de enfrentarme a la posibilidad de empezar de nuevo me parece tan tranquilizadora como pensaba (cuando trataba de racionalizar mis expectativas de futuro).

El caso es que tengo miedo. No tanto a encontrarme de nuevo en la línea de salida (aunque la incertidumbre no es lo mejor para tranquilizarse, ciertamente) cuanto al proceso que va a llevarme hasta esa línea de salida. De nuevo, supongo que será porque no soy tan fuerte como creía, o como muchos creen. O tal vez sea porque lo que me da miedo es enfrentarme a la gente, no al mundo. Tal vez sea porque me da miedo verme en situaciones desagradables, de ésas que incluyen muchos reproches y caras de decepción y enfrentamientos cara a cara, más que el resultado que esas situaciones puedan tener. Por ser claros, creo que me da más terror tener que mantener esa conversación que encontrarme, a raíz de ella, con una carta de despido en la mano y toda mi vida por delante. ¿Se puede ser más patético?

En fin. Incertidumbre, pues. Empecé el año (hace diez diítas nada más, quién lo diría) pensando que 2011 iba a ser un año espléndido. En realidad, cuando lo pienso racionalmente sigo creyendo que lo va a ser. ¿Incertidumbre? Sí. Pero también la posibilidad de reinventarme a mí misma, de luchar por lo que siempre he deseado y de demostrarme de una vez que puedo conseguirlo, que no tengo por qué seguir aterrorizada de mí misma. Y, sin embargo, una simple llamada en la que no se dice nada y se dice todo ("Reestructuración, esto no puede seguir así, cambio de planes, tú no entras en ellos") me deja de nuevo hecha un ovillo en la alfombra con el gato lamiéndome las heridas anímicas. ¿Por miedo a no entrar en esos planes? No, por miedo al momento en que tenga que enfrentarme a ellos para que me lo digan. En serio, ¿se puede ser más patético?

Incertidumbre. También, claro, entra en esta situación de incertudumbre algo que me importa muchísimo más, que creo que es lo que más me importa en el mundo y parte del extranjero, que es mi futuro literario. Porque precisamente si hay una palabra que pueda describir cómo están las cosas en ese ámbito es "incertidumbre". Y supongo que, como en las cuestiones laborales, como en las cuestiones más personales, el miedo al fracaso es lo que me ha paralizado todos estos meses, del mismo modo que el miedo al rechazo nos paraliza cuando nos planteamos luchar por esa persona de la que estamos enamorados. Y bueno, yo estoy enamorada de la literatura, pero tengo tanto miedo a no ser correspondida que no me atrevo a decirle nada, no me atrevo a dejarlo todo por ella, no me atrevo a atreverme. Y cuando me encuentro con que quizá me vea obligada a dar ese paso, aunque racionalmente sea lo que siempre he querido, me muero de miedo. Sí, patetismo: otra palabra que lo describe perfectamente.

En fin, arrieritos somos. Supongo que en gran medida es ese miedo lo que me ha mantenido lejos del teclado todos estos meses, y lo que todavía hoy me hace acercarme a él con mucha precaución y mucha inseguridad. ¿Y cómo se supera? Y yo qué sé. ¿Alguna idea...?

Al final, como le dije hace tan sólo unas horas a un muy buen amigo y mejor persona, va a resultar que lo que me da miedo es el miedo.


Y pongo de imagen esta afoto de Jaime Lannister y Jon Nieve porque, puestos a estar jodidos, al menos intentaremos estarlo con una buena imagen en la retina. Ea.