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jueves, 29 de diciembre de 2011

Volvemos a la carga...

Pues bien, queridos y queridas, hete aquí que ya han pasado dos meses desde mi última entrada… y sí, sé que por mucho que avisase de que iba a desaparecer un tiempo, ese tiempo se ha alargado mucho, muchísimo, desmesuradamente, hasta el infinito y más allá. Tengo excusa: os dije que desaparecía por el NaNoWriMo, que pretendía pasarme el mes de noviembre escribiendo una novela y blablabla, ¿recordáis? Bueno, pues cuando acabó noviembre, si bien el reto de las 50.000 palabrejas estaba más que superado (creo que alcancé las 103.000, si no recuerdo mal), la novela distaba mucho de estar finiquitada. Así que, aprovechando el impulso, seguí escribiendo y escribiendo y escribiendo… y sin comerlo ni beberlo y sin empujar con pan me encuentro con que estamos a finales de diciembre y mi blog, pobrecico mío, está abandonado y solito y deprimido sin saber nada de mí desde hace eones.

Así que he decidido hacer un pequeño alto en el camino, aprovechando que (esta vez sí) he terminado la novela de marras, para actualizar el sitio y saludaros y desearos feliz año (que ya a estas alturas “felices fiestas” está un poco desfasado). Y qué mejor, he pensado (porque a veces pienso, sí, qué pasa: me gusta vivir al límite), que hacer una entrada-recuento-recapitulación del año, que es lo que se estila en estas fechas, si echáis un ojo a los medios de comunicación de masas y a muchas páginas de esa cosa llamada Internet.

Ergo… hagamos recuento. Y así de paso me aclaro un poquito las ideas, que falta me hace: 2011 ha sido un año de lo más raro. Aunque eso sí, lo empecé fatal y lo acabo relativamente bien, así que no hay mal que por bien no venga.

Debido sobre todo a temas personales (he superado una depre de las gordas, me he largado definitivamente de Mérida, he dado la espalda a más de seis años en la Cadena SER y a más de dieciséis dedicados al periodismo para entregarme por completo a esta locura de escribir ficción), el año ha sido francamente curioso. Aun así, teniendo en cuenta el estado en el que lo empecé y también que durante sus doce meses no me he sacudido de encima la sensación de bloqueo literario total y absoluto, la verdad es que tampoco se me ha dado tan mal. Haciendo un repaso por encima a lo que han sido esos doce meses, que yo personalmente recuerdo como “en blanco” y que sin embargo no ha sido así en absoluto:


En enero y febrero, intentando quitarme de encima el bloqueo depresivo-deprimente, corregí y reescribí parte de una novela que supone el inicio de una saga: “Mellizo”, una de las obras a las que más cariño les tengo y que, tal y como está ahora mismo, creo que es una de las mejores novelas que he escrito en mi vida.

En marzo escribí un relato corto para la antología “(Per)Versiones IV: Misterios sin resolver”, y monté una antología propia de relatos, en la que se incluía una novela corta que finalicé ese mes, “La noche, tus ojos”. En breve verá la luz ;). Marzo también fue el mes en el que me llegaron las cifras de venta de los primeros seis meses de ‘vida’ de “La Elegida de la Muerte (Öiyya)”, así que me llevé una alegría que me quitó el mal sabor de boca acumulado durante meses.

Allá por mediados de abril, harta de sentarme delante del ordenador y que no me saliera gran cosa, me propuse escribir una novela para un premio cuyo plazo finalizaba el día 30. Ésa era la excusa: lo conseguí, la escribí, y a posteriori la he revisado y retocado para presentarla a otro premio que me interesaba más que el original. La novela no es lo mejor que he escrito, pero a mí, personalmente, me gusta. A ver si hay suerte y os la puedo presentar un día de éstos como corresponde ;)

Llegamos a mayo… Aparte de la publicación (¡Por fin!) de la antología “Visiones 2009”, en la que se incluye mi relato “En la oscuridad”, aproveché el mes para escribir dos novelas cortas de temática no fantástica: “Cuando te asustas”, una reflexión psicológica con la que me quité muchos monstruos de encima, y “Tirando piedras”, una novelita que hacía tiempo que le debía a mi abuela (y que, por supuesto, no he dejado que leyera, no sea que le dé un chungo).

En junio, y todavía medio bloqueada, me propuse terminar la primera novela que empecé en mi vida: “La Dama del Tiempo”, de fantasía cuasijuvenil. La terminé, aunque aún la tengo reposando en el cajón en espera de relectura horrorizada a ver si logro hacer algo con ella. Pero era uno de esos ‘pendientes’ que tenía de hacía mucho tiempo y que decidí llevar a cabo porque sentía, de alguna manera, que era ‘ahora o nunca’.


Julio fue un mes curioso. No escribí una palabra, pero fue el mes en el que mi decisión de irme de la Cadena SER y de Mérida se convirtió en una realidad, y fue el mes en el que vieron la luz dos antologías en las que participé, “Para mí tu carne”, que contiene el único relato de zombies que he escrito en mi vida, y la “Antoloxía de contos fantásticos” que ha visto mi primer (y único, supongo) relato en gallego. Digo único porque yo de gallego ni papa, y quien se encargó de la traducción (y de liarme para el proyecto, claro) fue mi querida amiga y no obstante mala persona (es que si digo que es buena se enfada) Silvia Barbeito.


Agosto no cuenta en mi calendario (es el mes de Tarancueña, y los que veranean allí conmigo saben que en ese mes sólo se puede intentar sobrevivir al malestar post-fiesta), y septiembre, en este caso, tampoco ha servido para gran cosa. Así que borrémoslos y aquí no ha pasado nada, jeje xD


En octubre me mudé a Madrid. Tuve que hacer muchas cosas para lograrlo, entre ellas pintar mi casa entera, cambiar los sofás y la cocina, liar a dos grandes amigos (en todos los sentidos), José Luis Hernández y Ángel Vela, para que me ayudasen a trasladar cientos y cientos de cajas… y yo pensaba que iba a ser un mes perdido (en lo literario), pero qué va: no sólo vi publicada otra antología, “Monstruos de la Razón II”, en la que yo participaba, sino que finalicé la reescritura/corrección de la novela que comentaba antes, la que escribí en abril, y la verdad es que me sentí muy satisfecha del nuevo final y de cómo quedó la historia una vez reestructurada.

Y noviembre… En noviembre se publicó la antología “No tocar”, a la que le tengo muchísimo cariño por la cantidad de ilusión que unos buenos colegas y yo le hemos metido a ese proyecto. Y, como sabéis, noviembre y diciembre han sido los meses del NaNoWriMo, el primero oficial y el segundo porque yo lo valgo xD. Durante estos dos meses, que son los que he estado perdida en la inmensidad procelosa del océano (sic.) literario, debo decir que lo he pasado estupendamente escribiendo una novela a cuatro zarpas (que no manos) con la anteriormente mencionada mala persona Silvia Barbeito. Mala persona, pero fantástica escritora, con quien ya había juntado cerebros anteriormente y con quien siempre es La Gran Juerga ponerse a compartir proyecto… En esta ocasión ha sido una novela paródica que, hoy por hoy, cuando sólo faltan dos escenitas de nada para el punto final, alcanza la friolera de 300.000 palabras llenas de despropósitos catastróficos. Tal cual.

Hay cosas que aún no os puedo contar. Paciencia, que se dice: a su debido tiempo, todo eso. Son buenas noticias, así que quedaos con esa idea y os prometo que muy prontito os contaré más. Sin embargo, y a pesar de que 2011 no ha sido precisamente el mejor año, sí puedo decir, echando la vista atrás, que tampoco ha sido tan malo como creía que iba a ser. Y desde luego lo acabo no sólo con dos novelas, tres novelas cortas y un relato escritos ‘de nuevas’, dos novelas terminadas ‘de segundas’ y corregidas, y cinco antologías publicadas… sino y sobre todo con la sensación de que los malos tiempos se han acabado, al menos de momento, y el año 2012 será sencillamente fabuloso. Cruzad las orejas a ver si es verdad… para mí, y para todos =)



Nota: sí, sé que algunas de las imágenes parecen no tener sentido en este artículo. Pero os aseguro que todas lo tienen... incluso la del vikingo chulazo, sí. Y por supuesto la de la ciudad hecha trizas. Y la de mi pueblo, que de paso aprovecho y lo pongo aquí, que hace mucho que no le hago una Oda Vital y acabo de recordar que esta noche tengo juerga con la gente (buena, buena) que veranea allí conmigo cada año. Esto puede ser la debacle de los cuerpos xD

viernes, 21 de octubre de 2011

A ver si es verdad

Que ya nos tenéis muy cansaditos de "ahora sí, ahora no, era broma, me lo he pensado mejor". Así que a ver si es verdad que es de verdad.

Y sí, va a ser la única entrada que dedique a ETA en toda mi vida.

miércoles, 19 de octubre de 2011

NaNoWriMo

Por si alguno se pregunta qué demonios es esa imagencilla que he colocado en la parte de la izquierda (sí, justo ahí <<), y dentro de un tiempo se pregunta qué ha sido de mí que no se sabe nada ni se tiene conocimiento, subo esta entrada para explicarlo... y de paso pediros perdón por no haber aparecido en tanto tiempo (es lo que tienen las mudanzas, que te absorben de tal manera que no hay forma de hacer nada que no sea mover trastos, pintar casas, llenar maletas y maletas y cajas y cajas, limpiar, limpiar, limpiar... argh).

Bueno, el caso es que el NaNoWriMo (si hacemos lo que hace el del chiste de 'recopla', en realidad lo que dice es "National Novel Writing Month", o, en cristiano, "mes nacional de pa escribir una novela" xD) es lo que me va a hacer desaparecer del mapa otro mesecito. Es posible que encuentre tiempo para contaros algo, pero también es posible que no: por eso voy avisando, para que luego no me llaméis de traidora parriba =). El NaNoWriMo viene a ser una iniciativa que se puso en marcha hace ya unos añitos allá por los EE.UU. (o U.S.A. o incluso USA, como nos ha dado por llamarlos de un tiempo a esta parte) y que consiste en algo muy sencillito (a priori): escribir una novela en un mes. Así, a lo bestia.

O sea, básicamente lo que he hecho ya un par de veces (una de ellas esta misma primavera), pero "organizado". Hay que empezar un día determinado (el 1 de noviembre), hay que terminar un día determinado (el 30 de noviembre). Hay que ir avanzando cada uno como pueda, y actualizar cada día tu perfil en la página 'uficiá' (supongo que por aquello de que, si los demás pueden ver cómo vas, te metes más presión a ti mismo). Y al final del mes, hay que subir el documento para que los organizadores cuenten las palabras y, si has llegado a las 50.000 (el límite mínimo), te proclaman Ganador.

Así de simple. 50.000 palabras en 30 días. La calidad da igual: eso es cosa tuya. La historia da igual: es cosa tuya. Si engañas y subes una novela que ya tenías escrita, sólo te engañas a ti mismo. ¿Por qué? Pues porque no hay premio... sólo la posibilidad de escribir una novela en 30 días y decir que lo has hecho.

¿Que qué tontería? Bueno... supongo que para muchos será un a modo de "pa chulo mi pirulo". Para mí, en concreto, es una forma de volver a desanquilosarme, que me he vuelto a dejar llevar por la pereza y llevo meses sin escribir nada. Un modo de obligarme a hacerlo, puesto que a partir de ahora ES lo que tengo que hacer (escribir, escribir, escribir). Y, de paso, conseguir una novela más que tener en la guantera, de cara al futuro. Y también, por qué no, la posibilidad de pasar unos días agradables compartiendo agobios, cachondeo, desenfreno literario y salvajada escribiente con unos cuantos miles de escritores que, como yo, se han apuntado este año a la movida.

No sé a vosotros... a mí me suena muy bien. Como sabéis, ya he hecho burradas semejantes antes, pero siempre ha sido en solitario: la última vez tenía la compañía de mi única 'pareja literaria', pero la pobre tuvo que abandonar por causas ajenas a su voluntad, y acabé perpetrando la salvajada solita; esta vez espero que nada entorpezca su mes, porque sí, ella también se ha apuntado. Y otros cuantos escritores y proyectos de que conozco =) Voy a estar bien acompañadita... y me apetece un montón, qué demonios.

Así que si veis que no aparezco hasta diciembre... no os preocupéis. Probablemente estaré tecleando como una bestiaja. Upi, upi, upi! y todo eso =)

lunes, 3 de octubre de 2011

El sueño de la razón produce monstruos...

...o al menos bichos muy feos. Sabéis que no suelo hablar de política en este blog: prefiero destinarlo a la literatura, que es mi gran pasión y (hoy en día) mi única ocupación; además, teniendo en cuenta que he pasado los últimos diez años trabajando en medios de comunicación (y sí, hablando de política a diario), la verdad es que no me apetece excesivamente usar esto para seguir ahondando en un tema que cada día me da más pereza, bochorno e incluso asco. Sin embargo, hay días en los que una no es capaz de contenerse. Y aunque hoy tenía previsto hacer un repaso a las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas (a las que he asistido este fin de semana), creo que hay ciertas cosas que no se pueden pasar por alto, y ésta es una de ellas.

Mirad, yo sigo considerándome periodista, soy una de esas pocas personas que, al comprender cómo es el trabajo en los medios de comunicación (por haberlo 'sufrido' durante una década) no puedo evitar defender a mis compañeros de profesión cuando se les acusa de (inserte descalificativo aquí). Y estos últimos meses se les está acusando mucho. Y lo cierto es que se les está acusando con razón, aunque creo que cualquiera que conozca el funcionamiento interno de un medio sabe de sobra que donde se dice "los periodistas son unos (inserte insulto aquí)", en realidad habría que decir "los directores/responsables de los medios son unos (inserte exabrupto aquí)". Los periodistas no son (somos) más que unos mandaos, que después de cinco años de carrera nos encontramos (los más afortunados, que no llegan ni a la mitad) con una situación laboral poco menos que lamentable: contratos mierdosos, sueldo inhumano, horarios absurdos, convenios colectivos impresos en papel higiénico para uso y disfrute del personal directivo, cero respeto tanto desde los mandos como desde el 'mundo exterior' y, sobre todo, nula capacidad de expresión de nuestra propia opinión. Es decir, algo así como marionetas a las que se contrata por poco más que el sueldo mínimo. Aquí el que opina no es el periodista: es el medio. El periodista hace lo que le mandan, o carretera.

La situación es así, y como suele decirse, son lentejas: si quieres las comes, si no, al paro, que hay miles (millones) de licenciados en la puerta esperando para convertirse en marioneta cuando tú te hartes de serlo. De ahí que, cuando el resto de la Humanidad se indigna (con razón) por esa desinformación de los medios (y, como decía antes, últimamente ha habido mucho de eso en este país nuestro), yo me pongo tristona, porque sé perfectamente que no son mis compañeros los que desinforman: ellos se limitan a intentar sobrevivir en un mundo en el que la jerarquía es algo así como mandato divino y la obediencia a los mandos es tan importante como en el ejército de tierra (aunque en este caso no te abren consejo de guerra sino la puerta de la calle). Y, por desgracia, todos tenemos que comer.

Pero me desvío del tema que quería tratar. En realidad toda esta disgresión venía a esta portada que ayer tuvo a bien publicar un periódico de tirada nacional de éste, nuestro país, y que es la que me ha impelido a hablar (aunque sólo sea de forma tangencial) de política. ¿Por qué? Pues porque me ha indignado, me he sentido atacada, me he sentido casi ultrajada, y me han entrado unas ganas tremendas de pillar la maleta y buscarme una granjita en un fiordo noruego para no tener que volver a enfrentarme con cosas como ésta en mi puñetera vida. "Qué exagerada", diréis. Pues veréis, es que me ha tocado muy de cerca dos de las tres cositas más importantes de mí misma, que son mi género (o sexo, como lo prefiráis) y el periodismo. Y me ha dolido, qué demonios.

El periodismo me lo ha tocado porque hasta ahora (ingenua que es una, y mirad que he visto de todo en esta última década) todavía tenía la esperanza de que los medios de comunicación siguieran intentando, con mayor o menor acierto, disimular su alineación ideológica, siquiera para poder 'convencer' a algún lector despistado. Como han hecho (con mayor o menor acierto) hasta ahora. Todos sabemos de qué pie cojea cada periódico, cada tele, cada radio; todos sabemos a qué partido miran y dan calorcito para intentar auparlo al gobierno de España; sin embargo, lo que en la mayoría de las ocasiones es una "interpretación" de los hechos que tira hacia uno u otro lado (¿Nunca habéis jugado a comparar titulares entre uno y otro periódico? Puede llegar a ser divertido ver cómo se redacta un titular para que parezca que un partido es un santo y el otro es más culpable que Judas en sus peores días... y justito al contrario en el otro medio de comunicación), en esta ocasión se ha convertido en algo digno de enarcamiento de ceja, dilatación de pupilas y torcimiento de boca en gesto de incredulidad. Es decir, un periódico que se dice 'independiente', que supuestamente se dedica a informar, se ha transformado en un folleto de propaganda electoral. Y no hay dios que pueda confundirlo con información, ni siquiera información de la más sesgada que pueda existir: no, esto es propaganda electoral, punto. Me pregunto dónde queda entonces la ya escasísima credibilidad que tenían los medios de comunicación. Y me pregunto también cuál es el siguiente paso, ya que parece que, al dejar a un lado el disimulo, también han abandonado esa farsa en la que pretendían hacernos creer que vivíamos en un país en el que primaba el libre flujo de la información. Y también me pregunto qué pensarán mis compañeros de profesión, tanto los que curren en La Razón como los que trabajen en otros medios. Me atrevo a adivinar que unos cuantos de ellos estarán en pleno 'facepalm', viendo cómo los directores de contenido de turno han clavado un clavito más en el ataúd de la profesión. Y qué pensarán sabiendo que todo su esfuerzo por licenciarse, por buscar curro, por aguantar becas gratuitas, contratos basura, sueldos de risa, jornadas inhumanas y (en algunas ocasiones) maltrato psicológico laboral, se va poco a poco pero inexorablemente por el retrete para dejar tan solo el 'periodista = cabrón manipulador'.

Y en cuanto a lo otro... Bien sabéis que yo no soy feminista. Yo no quiero que haya discriminación positiva, porque la discriminación siempre es discriminación. No quiero que se aúpe a la mujer, que se la ayude, que se la considere mejor o superior o lo que sea. Yo soy estricta y radicalmente 'igualitaria' (como pudieron comprobar ayer los que asistieron a las Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas, por cierto): no quiero empujones ni para arriba ni para abajo, ni 'la mujer hace esto mejor que el hombre', ni 'contrata a la mujer que nos dan subvención/vendemos más/queda mejor'. No, quiero IGUALDAD, quiero que la obviedad tan obvia (o así me lo parece a mí) de que hombre y mujer son IGUALES se vea reflejada en la sociedad. Sin embargo, ese pequeño debate acerca de si feminismo o igualitarismo o lo que sea se va al carajo cuando nos encontramos con cosas como ésta. La foto de la portada es un poema, sí. Y no precisamente de los que me molan.

"Exagerada", diréis. No, no exagero nada de nada. No, cuando me encuentro con imágenes tan evidentemente retrógradas como la que el periódico publicaba para ilustrar el programa electoral de uno de los dos partidos mayoritarios. Bien saben los que me conocen que, políticamente, no tiro ni para un lado ni para el otro: como suelo decir a quien me pregunta, cuanto más conozco a los políticos más adoro a mi gato (o algo así xD). Y es que mira que nos lo ponen difícil, ¿eh? Hoy por hoy no veo yo un solo partido político, grande, mediano, pequeño o unicelular, capaz de hacerme sentir ni la más mínima gana de verlo ahí en la Moncloa... :P Ni soy anti-PP, ni soy pro-PSOE (soy anti-todos los partidos casi casi por igual), ni soy feminista. Pero la foto, insisto, clama a los Cielos.

Es decir: la última vez que miré el calendario, estábamos en 2011. Dos mil once, joder. Si ya me rasca un poco los intestinos saber que aún se piensa que la mujer es sensibilidad y sentimiento y el hombre acción (aprovecho para mandarle un achuchón enorme a Montse de Paz, con quien por cierto fue una auténtica delicia debatir sobre el tema), imaginad mi estupefacción al encontrarme con que en pleno DOS MIL ONCE un partido político considera que va a ganar votos apelando al emprendimiento, y lo hace con... recapitulemos: cinco tíos (contando al candidato), todos trajeados, todos profesionales de 'alta rama' (licenciados en cosas gordas, pa entendernos), todos especializados en tecnologías, innovación, arquitectura, blablablabla (ni un solo 'currito'; qué pasa, que los electricistas, fontaneros, vendedores de periódicos o comerciantes de electrodomésticos no cuentan?), y una, ¡UNA! mujer. Ahí apartadita, para que no contagie al macho dominante de su femineidad. Y una mujer vestida que parece salida de un folleto de los años 50 (aunque se le ve un poco de rodilla, válgame Dios; eso sí, lo equilibra con el moño de institutriz del siglo pasado, el negro del vestido y el cuello vuelto que casi le tapa la barbilla. Válgame, si le falta la mantilla... cuidado, que yo no estoy en contra de las tradiciones, pero en plan folclore, no realidad laboral, coño). Y, lo mejor de todo, una mujer emprendedora que hace... bizcochos.

Bizcochos. O sea, qué me estás contando. O sea, que los hombres juguetean con el i-Pad, construyen edificios, controlan flotas de aviones, y las mujeres hacemos repostería. GE-NIAL. Una ovación para el jefe de comunicación de este partido, que nos ha llevado de vuelta a la época de 'sé la esposa ideal' y encima seguro que se siente orgulloso de ello. Hala, bonita, tú a emprender a la cocina, y nosotros ya levantaremos este país de mierda que nos han dejado los socialistas con su mierda de igualdad. ¿Qué pasa, que si volvemos al bizcocho se acaba el paro y encima el Estado se ahorra el dinero en guarderías y geriátricos públicos? Cojonudo, oiga. Sencillamente cojonudo. Y no, no es un accidente, ni estoy buscando bichos donde no los hay: en serio, fijaos en la imagen. Es... una puta burla a todas las que hemos estudiado una carrera, a todas las que hemos abierto un negocio, a todas las que desarrollamos un trabajo cualificado e intelectual, a todas las que hemos luchado por abrirnos camino en una sociedad todavía dominada por los hombres. ¿Se puede ser hostelera, como es la muchacha de la foto? Por supuesto que sí. Pero poner a una mujer con un puto bizcocho en la mano en una foto en la que hay 5 pavos demostrando ser los Amos del Mundo en Corbata sigue siendo una burla, por muy empresaria que sea la mujer del roscón de reyes. ¿O acaso no hay otros miles de ejemplos de mujeres emprendedoras que no parecen salidos del Manual de la Perfecta Casada? ¿Cinco a una, y como único ejemplo ponen a una mujer en pose de cocinera decimonónica? Que sí, que cada una viste como quiere y monta el negocio que le da la gana: pero convendréis conmigo en que elegir a UNA mujer para posar entre CINCO hombres, y elegir PRECISAMENTE a la que viste cual si de procesión de Viernes Santo se tratase (o la visten así, a saber), y encima reducir su negocio hostelero a un bizcocho que muestra con el orgullo de la recién casada entregándole a su santo esposo su primer postre con expresión de "descanso del guerrero" es, cuanto menos, indignante.

Es decir, tras tanta lucha, tras tanto desgaste, tras tanto desgañite, van los tíos y después de mirarnos con condescendencia e intentar hacernos creer que de discriminación nada, que eso está superado y que la vida es maravillosa en el país de la piruleta, zasca: hala, bonita, a hacer bizcochos. Válgame.

Pues miren ustedes, señores políticos (tanto el de la barba como el otro de la barba como todos los políticos, barbudos o no, que tienen intención de enseñarnos su jeta para ver si nos rascan un voto el próximo día 20 de noviembre): si éste es el futuro de España, se lo pueden ir metiendo directamente por el bizcocho.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Un año más, Dos Hermanas y muchos hermanos...

Parto para Dos Hermanas en un ratejo, a participar en las Jornadas de Literatura Fantástica que se organizan allí cada año y que han pasado de ser "la Hispacon chica" a un encuentro con entidad propia, cada edición con más categoría y más participación y, sobre todo, una ocasión ideal para que tanto los que nos dedicamos a esto de juntar letras para conformar historias de fantasía como los que se dedican a leerlas podamos reunirnos, conocernos, charlar, intercambiar impresiones, gustos, críticas, insultos y alabanzas (siempre desde el cariño, y no, no es coña) y, por supuesto, pasar un fin de semana digno de una oda en endecasílabos y rima consonante.

No, no es una alabanza vacía de ésas que a veces se hacen cuando te invitan a un sitio y quieres quedar bien. Recuerdo las jornadas del año pasado con un pinchazo de nostalgia a la altura del estómago: lo pasé tan bien, me reí tantísimo, conocí a una gente tan maravillosa, que todavía estoy que no me lo creo y ya ha pasado ¡UN AÑO! Madre mía, quién lo iba a decir. Y lo que ha cambiado mi vida en un año, dicho sea de paso, y sin que yo me haya enterado siquiera de que esos doce meses se me han escapado de entre los dedos.

Pues eso, que parto para tierras sevillanas. Ya os contaré el lunes (o el martes, si necesito recuperarme... cosa que es bastante segura xD) qué tal se nos ha dado. Entre tanto, quería yo compartir con vosotros una nueva sorpresita que me han dejado en youtube: un vídeo basado en los personajes de La Elegida de la Muerte (Öiyya). No es un trailer, como los muchos que han salido: es simplemente un montajito con escenas de película que pretende representar la relación entre los dos protagonistas, Issi y Keyen. Y sí, quizá sea un poco excesivamente azucarado, y quizá no sea la imagen que yo tenía de ellos cuando escribí la novela (aunque reconozco que Matthew Modine hace un Keyen bastante acertado, y eso que ni siquiera sabía que estaba interpretándolo xD), y quizá sea difícil pasar por encima de la ambientación "piratona" de la peli original e imaginarlos a ambos en un ambiente pseudomedieval, pero el caso es que a mí me ha hecho la misma ilusión que siempre ver que hay gente que todavía dedica parte de su tiempo a hacer estas cosas sobre mis 'niños'. Muchísimas gracias al autor (creo que es autora, por su perfil de youtube) =) =) =) =)

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ellas cuentan


Ése es el título del "mano a mano" que vamos a tener este domingo Montse de Paz (entre otras cosas, ganadora del último Premio Minotauro, fantástica escritora -y escritora fantástica- y genial colega) y yo en las VI Jornadas de Literatura Fantástica de Dos Hermanas (Sevilla), que este año tienen como lema "Donde los mundos se unen".

Así que nosotras contamos. Bueno, pues sí, contamos. Narramos historias, y en el tiempo que llevamos dedicándonos a esto de escribir hemos demostrado que, aunque sólo sea un poquito, se nos tiene que tener en cuenta. Así que Montse y yo hemos decidido contar, y en concreto contar lo que nos parece que resulte tan raro, tan excéntrico, tan digno de mención, que dos mujeres se dediquen a escribir fantasía y ciencia-ficción. ¿Qué pasa? ¿Que es un género de, por y para hombres? Porque usted lo diga, oiga. Y apuesto lo que queráis a que los que asistáis a esa charla-coloquio-debate-loquesea entre Montse y yo saldréis de allí convencidos de que las mujeres podemos contar lo que nos dé la gana. Y escribimos lo que nos da la gana, y desde luego no tenemos por qué ceñirnos a una temática, a un género, a un público, a una forma o a un fondo por el mero hecho de ser mujeres. ¿Os atrevéis a intentar contradecirnos...? =) ahí dejo el reto. Si lo aceptáis, el domingo a las 12.30 nos vemos para el segundo asalto.

Por cierto, los que os animéis a venir a Dos Hermanas (y hayáis conseguido reservar plaza en las jornadas, que creo que ya se han agotado) no sólo podréis charlar con Montse y conmigo acerca del papel de las mujeres en la fantasía: también pasaréis un rato fabuloso con colegas de la talla de Laura Gallego (cuyo curriculum creo que no es necesario recordar), Manel Loureiro ("Apocalipsis Z"), Francisco de Paula ("El guerrero elfo"), Jorge Magano ("El chico que no miraba a los ojos"), Federico Casado Reina (blogger y crítico cinematográfico) y Nieves González (Bibliotecaria de la Universidad de Sevilla). Y muchos ratos igualmente fabulosos con la gente de Sevilla, que mes a mes, año tras año, demuestran que son unos tipos (y tipas) im-presionantes. Y fun y pin. =)



Nota al margen: no, yo no soy ninguna de las dos muchachas de las afotos. Son Montse de Paz y Laura Gallego, por si no las habíais reconocido a estas alturas ;)

lunes, 19 de septiembre de 2011

De géneros, subgéneros, subsubgéneros, primos, tíos, sobrinos y demás familia. Y el gato.

Pongámonos en la siguiente situación hipotético-demostrativa: un día cualquiera (puede ser un martes por la mañana, por ejemplo), una librería (o gran superficie con cacho destinado a libros, o incluso gran superficie destinada a libros, que las hay, para que luego digan que no se lee y todas esas cosas). Un incauto comprador en potencia que se pasea por entre las estanterías/mesas/aparadores/lugares de exhibición y/o exposición de libros, buscando algo que echarse a la boca (o, en este caso, a los ojos). Si resulta que el incauto comprador en potencia no va a tiro hecho (sabiendo exactamente qué libro quiere o una aproximación muy aproximada, vaya), pueden darse las siguientes posibilidades:

1- Que acabe echándose a los ojos el libro con la portada más agresivamente hiriente para las retinas, en un intento de impedir que dicha portada haga efectiva su amenaza silenciosa (“O me compras o te vas a cagar, machote”) y le salte a la yugular en el momento más inesperado.
2- Que acabe echándose a los ojos el libro que más cerca tenga de la manopla cuando su cerebro amenace con ir a la huelga, montarle una manifestación antisistema y/o una sentada a las puertas del cráneo, o directamente implosionar y salir convertido en gelatina grisácea por sus orejas, nariz, boca y demás orificios de entrada/salida.
3- Que acabe echándose a los ojos una garrafa de colirio comprada a granel en la farmacia que un avispado emprendedor acaba de abrir justo al lado de la librería/gran superficie en cuestión.
4- Todas las anteriores son ciertas.
5- La gallina.

¿Por qué? Bueno, vamos a presuponer que todos hemos ido a la caza y captura de un libro en los últimos n años (si no eres de “ese tipo de gente”, pruébalo: es una experiencia tan adrenalínica como subirse en una de esas atracciones a las que en mis tiempos llamaban ‘montañas rusas’ y ahora les llaman cosas muy feas —sobre todo los que están montados en ellas, que de hecho llegan a llamarlas gritos inarticulados, vómitos y crujir de dientes en general—). Si es así, quizá os hayáis dado cuenta de que eso de “voy a ver qué leo hoy” es tan complicado como descubrir el peso atómico de la kriptonita una noche de borrachera con la única ayuda de una pizarra vileda, un boli bic naranja y una tabla de límites cuando x tiende a infinito. Porque hay tantísimos géneros, subgéneros, subsubgéneros, mezclas, dispersiones, variantes, circunvalaciones, deconstrucciones, divagaciones, anexos, convexos, eximentes, palíndromos, concatenaciones y marsupiales que eso de “quiero un libro” se ha convertido en algo parecido a llegar a Ikea y decir “quiero un mueble”. Con la diferencia de que los libros no te los montas tú (salvo los de “Elige tu propia aventura”, claro) y de que, habitualmente, las instrucciones de uso del libro se entienden.

No, en serio: yo intento mantenerme al día en esto de los géneros literarios y tal, por aquello de que me dedico a escribir, pero os juro por mi peluche mutante que cada vez que tengo una conversación acerca del tema me paso hora y media con la cara que se le quedó a mi abuela el día que intenté explicarle de qué iba “eso del intenné”. Vamos, cara de WTF, pa entendernos. ¿Cyberpunk, ucronía distópica, ci-fi hard, ficción onírica, steampunk, terror cósmico…? ¿MANDÉ? O_O ¿Dónde ha quedado eso de “fantasía, ciencia-ficción, terror, romance, best-seller”, de toda la vida, oiga? Ha llegado un momento en el que alguien me intenta decir de qué va un libro y tengo que abrir el google veinte veces para enterarme del puñetero género del puñetero libro. Con lo fácil que era la vida cuando sólo había narrativa, lírica, dramática y ensayo, y el mayor desafío al que te enfrentabas era encuadrar el subgénero epistolar…

Y bueno, supongo que de lo que se trata (como siempre que alguien intenta organizar algo) es de ordenar lo que a priori parece un caos para que el lector no se vuelva gilipollas intentando averiguar qué libro le puede apetecer en qué momento, pero… no sé yo si eso de dividir y dividir y dividir y volver a dividir no es un error gordísimo. Y no sólo porque ahora haya que hacer un Master en Oxford y complementarlo con varios cursos CCC y dos grados universitarios para entender de qué nos están hablando cuando nos hablan de géneros literarios (o simplemente cuando vamos a la anteriormente mencionada librería/gran superficie), sino porque, como suele ocurrir cuando se ordenan las cosas, hay algunas que no encajan en ninguna parte, y las que parece que sí encajan resulta que en realidad encajan porque haces mucha fuerza al cerrar el cajón. Vaya, como cuando dices “tengo tres cajones en la cómoda: uno para la ropa interior, otro para calcetines, otro para bufandas”. Vale, genio: ¿y el bañador dónde lo metes? ¿Las medias van en el de ropa interior o en el de calcetines? ¿Y esos calcetines que son con suela, van en el de los calcetines o los llevas al armario de las zapatillas de andar por casa? ¿Y el fular de la foto de “la pose” (ver entradas anteriores xD), encaja donde las bufandas? Por cierto, ¿los guantes y los gorros también los metes con las bufandas? ¿Y la pamela de las bodas…?

Vamos, que no. E incluso cuando dices “enga, pues me voy a Ikea (sic.) y me compro una cómoda de quinientos cajones, y así no hay problema”. Bueno, pues sí hay problema. Porque entonces querrás tener las bufandas rojas con los guantes rojos y el gorro rojo, y la bufanda azul con los guantes azules y el gorro azul, pero resulta que en teoría tienes un cajón para bufandas, otro para guantes y otro para gorros, ¿no? Así que no puede ser, del mismo modo que aunque tengas un cajón para bragas y otro para tangas y otro para sujetadores y otro para… loqueseosocurra xD, resultará que te apetece guardar el tanga negro con el suje que va a juego, y volveremos a liarlo todo.

Pues yo creo que algo parecido sucede con los géneros literarios. Si ya había problemas para clasificar las obras cuando sólo había narrativa, lírica, drama y ensayo (¿Qué pacha si una novela tiene una parte teatralizada, por ejemplo? ¿Y las obras de teatro en verso? ¿Y las novelas ensayísticas, o los ensayos novelados? ¿Eh, eh, eh?), imaginaos ahora que hemos decidido passsar de la cómoda de cuatro cajones y comprarnos una de ésas que se pueden ir ampliando por módulos cada vez que a uno se le ocurre que quiere un cajón más. Y nos encontramos con novelas que son “de ci-fi hard con un componente distópico, onírico y de terror cósmico fantástico”. Y a ver en qué puñetero cajón metemos la puñetera novela.


...

(Yo la metería en el de las bragas negras, por cierto).

(En serio).

Y luego existe una cuestión curiosísima… y es que cuando encontramos varias novelas que encajan en el mismo cajón (a.k.a. género, aunque es más bien probable que sean veinticinco cajones/géneros), resulta que (como es lógico, normal y hasta deseable), no tienen naaada que ver entre sí. ¿Problema? Ninguno, salvo que es posible que (por ejemplo) alguien te diga “Boh, paso de leer ‘El nombre de la rosa’, es del mismo género que ‘La profetisa’, que es una ful”. O “Ni de broma me leo ‘Muerte de la Luz’, es del mismo género que ‘Titan A.E.’, que me pareció un bodrio”. O “Vamos, hombre, me voy yo a leer ‘Canción de Hielo y Fuego’, con la ‘Dragonlance’ tuve bastante”. Y a ver cómo le explicas tú que no tiene absolutamente nada que ver ni en temática, ni en desarrollo, ni en estructura, ni en público, ni en calidad. Puedes decírselo, claro; pero ya va de primeras con la cara esa de :/ y es bastante probable que, si lo coge, lo coja sin ganas y no le mole. Porque ya va predispuesto a que no le mole, qué le vamos a hacer. No hay nada peor que pillar algo por obligación. ¿O a vosotros no os pasa que cuando os dicen "tienes que... (insértese lo que sea)", os entran ganas de hacer justito lo contrario? Pues eso.



Es decir, volvemos a la misma conclusión que ya hemos extraído en bastantes ocasiones: al final, existen (o deberían existir) tantos géneros como autores. Más, de hecho: existen (o deberían existir) tantos géneros como libros. Cada novela tiene su propio género, su propio cajón. Cada libro es un mundo. Y fun y pin.



Nota al margen: sí, me apetecía poner a la colega con la motosierra. Qué pasa, hoy me he levantado con ganas de asesinato preventivo. Será que es lunes. Meh.

lunes, 22 de agosto de 2011

Vivir de escribir

Hace unos días me encontré en el foro de OcioZero, en el apartado de literatura (donde pululamos los escritores-wannabe) un debate interesantísimo acerca de la posibilidad de vivir de lo que uno escribe. Voy a ampliar un poco lo que contesté en ese mismo tema del foro, porque me parece lo suficientemente curioso y (quizá) útil como para dedicarle un ratito =)Veréis, en ese debate vi una cosa muy curiosa: el tema, que prometía ser interesante a más no poder, acabó centrado en tres aspectos que, quizá, acabaron desvirtuándolo un poco. Al principio, el tema se utilizó para algo a lo que ya estamos acostumbrados en estos foros (y que es completamente legítimo, porque al fin y al cabo para qué nos han dado libertad de expresión si no es para poder expresar nuestra más enérgica protesta cuando nos venga en gana): la queja. La queja acerca de la supuesta imposibilidad de vivir de lo que se escribe en este país, la queja acerca de la obligatoriedad de “prostituirse literariamente” (esto es, escribir no lo que uno quiere sino lo que quiere el público/la editorial) para vivir de lo que se escribe, la queja acerca de la maldad intrínseca de las editoriales que no apuestan por mí y sí por el vecino. Y bueno, todos tenemos derecho a quejarnos. Sin embargo, quizá, sólo quizá, los que escribimos y protestamos porque no tenemos el respaldo que querríamos deberíamos empezar a tener varias cosas en cuenta:

1- El que invierte su dinero en nuestro libro es el lector. Es su dinero, de modo que nosotros no podemos obligarlo a comprar nuestro libro: él comprará lo que le venga en gana. Si no le gusta lo que escribimos, por mucho que protestemos y que digamos “es que la gente es snob/sólo le gusta lo comercial/no entiende mi arte”, no va a invertir veinte pavos en nuestra novela. Y está en su derecho, que para eso es su dinero, no el nuestro.

2- Las editoriales, lo mismo elevado a la enésima potencia. Invierten su dinero en nuestro libro, y esperan una retribución. Si nuestro libro no va a gustar al público (y en consecuencia el público no va a invertir sus veinte pavos en comprarlo), la editorial no va a invertir en publicárnoslo, por mucho que protestemos. Porque es su dinero, y no podemos obligarlas a invertir en algo que no les va a hacer ganar a cambio.

3- ¿Eso significa que debemos “prostituirnos”? No. Eso significa que, si queremos vivir de lo que escribimos, tenemos que encontrar el equilibrio entre lo que nosotros queremos escribir y lo que el lector quiere leer. Cuando uno escribe lo que no quiere, eso se nota: la calidad disminuye de forma notable, y la falta de ilusión hace que el texto se resienta considerablemente. Sin embargo, por mucho que nuestro texto sea la releche en bote, si no es lo que el lector quiere leer no vamos a obligarle a hacerlo.

Todo esto, sin embargo, es inútil si no tenemos en cuenta otra cuestión, y es que por mucho que nuestro relato haya ganado un concurso y haya tenido una aceptación inmediata no podemos pretender ser, ya, “el nuevo gran talento de las letras españolas”. Yo puedo haber escrito un relato que haya dejado alucinado a medio mundo, y sin embargo estaré condenada a comerme los mocos si creo que sólo por eso voy a ser la repera y a ganar los euros de millón en millón. Para empezar, porque hoy por hoy el lector no invierte sus euros en relatos sino en novelas, y con relatos, mal que nos pese, no vamos a ninguna parte; y para seguir, porque por mucho talento que haya en ese relato ese talento tiene que ser explotado, pulido, afilado y, en definitiva, mejorado para llegar a alguna parte. No podemos pretender triunfar como la coca-cola con lo primero que escribamos, y quien diga “bueno, es que yo escribo muy bien, merezco publicar” cuando apenas acaba de empezar está condenado a meterse un rijostio de los que hacen mucha pupita.

Aquí va mi reflexión al respecto: estoy convencida de que se puede vivir de escribir. Y tan convencida estoy que hace un mes he hecho un Salto de Fe al más puro estilo Indiana Jones y me he despedido del curro que me llevaba por la calle de la amargura, precisamente para poder dedicarme a escribir. Y no es que sea yo precisamente Dan Brown, eh? Pero creo firmemente que, con dedicación, ilusión y ganas de mejorar, y siempre teniendo los pies sobre la tierra y tratando de conocer nuestras propias limitaciones y nuestras propias fortalezas, podemos hacer lo que nos venga en gana. Sí, incluso vivir de escribir. Pero claro, para vivir de escribir hay que escribir. Qué perogrullada, ¿no? Pues no: hace siete años, por ejemplo, yo había escrito un fic de Harry Potter y un relatillo tonto para un concurso tonto, y la cosa me gustó tanto (y gustó tanto, pa qué no decirlo) que decidí dedicarme a esto, y escribí una trilogía con la que planeaba comerme el mundo. Y desde entonces he aprendido tantas cosas que ahora miro para atrás y digo: "joder, qué inocencia". Ya en aquel entonces (voy a ponerme en 'mode absolutamente sincero sin falsas modestias ni leches') tenía la suerte de poseer una especie de talento natural (es decir, que no era mérito mío) y la cosa de juntar letras se me daba bastante bien. Releo esas novelas y me doy cuenta de que ahí había un potencial importante, pero también había mucho, muchísimo que aprender. Y ahora, seis años después, sigo teniendo tantísimo que aprender que a veces me abruma pensarlo (releo, por ejemplo, "La Elegida de la Muerte" y me llevo las manos a la cabeza muertecita de vergüenza). El caso es saber si estás dispuesto a hacer el esfuerzo. Porque esto de escribir no es una cuestión de "se me da bien, escribo una cosita y hala, a vivir la vida": esto es durísimo, requiere un aprendizaje constante, una perenne puesta a prueba de tu habilidad y de tu buen oficio, y sobre todo echarle horas y comerte muchas decepciones hasta que al fin consigues pulirte lo suficiente como para que tu "diamante interior" empiece a brillar un poquitirrinín. Y después tienes que seguir tallando la piedrecita de marras, porque nunca eres lo suficientemente bueno, siempre puedes mejorar y, de hecho, estás obligado a hacerlo.

No nos vamos a engañar: en este país hay gente que tiene la misma suerte que tengo yo, y que posee un talento natural para esto de las letras (no estoy tirándome el rollo: todos sabéis que yo escribo "de oído", que las frases me salen solas y las historias se cuentan a sí mismas en mi teclado; eso, como he dicho antes, no es mérito mío, igual que no es mérito de otra persona haber nacido con una voz prodigiosa o con unos increíbles ojos azules; será su mérito si educa esa voz hasta convertirla en "la voz", o si aprende a maquillar esos ojos y a usarlos para mirar de tal manera que una cámara se quede enamorada de ellos cada vez que los ve). La cuestión es si los que poseen ese talento se dan cuenta de que con el diamante en bruto no se hace un anillo, y que, igual que el joyero tiene que tallar la piedra para convertirla en una gema brillante, nosotros tenemos que pulirnos a nosotros mismos para convertirnos en escritores y no quedarnos en 'personas que poseen cierto talento para expresarse con las palabras'. Y ese pulido, ese tallaje, ese darnos forma a nosotros mismos cara a cara y arista a arista, no se acabará nunca. Así que ésta es la pregunta: ¿Estáis dispuestos a dedicar vuestra vida a tallar esa piedra que lleváis dentro? Si es que sí, entonces al final la cosa caerá por su propio peso, y acabaréis viviendo de escribir. Pero no se puede pretender poner los congojos encima de la mesa y decir "Aquí estoy yo, págueme por lo que soy", porque nadie pagará por un guijarro sacado del río por mucho que lleve dentro, en potencia, el puñetero Corazón de la Mar engastado en platino.

Es como... no soy muy religiosa, pero ¿recordáis el Nuevo Testamento? Hay una parábola (no recuerdo dónde) acerca del hombre que se pira de casa y deja a sus criados una serie de talentos (moneditas), y uno de ellos los entierra para devolvérselos al amo cuando vuelva, y otro los invierte y gana un montón de talentos y se los da al amo cuando vuelve (creo que era algo así). Bueno, pues esto es igual: si nos dan un talento y lo enterramos, el talento seguirá ahí, pero no nos servirá para nada más que para desenterrarlo de vez en cuando y admirar su forma y su brillo. Si, por el contrario, nos dan un talento y lo invertimos, acabaremos multiplicando ese talento por mil, por un millón. Por cuanto nos dé la gana. Acabaremos viviendo de ese talento, y no desenterrándolo de vez en cuando para mirarlo y suspirar por lo lindo que es y, tal vez, enseñárselo al vecino para que nos diga lo bonito que le parece.

Y en cuanto a los que, tal vez, no posean ese talento natural: eso no quiere decir que no puedan escribir. Quizá requerirá más esfuerzo, pero desde luego no es un mundo vetado para ellos, aunque sí será más difícil acceder a él, del mismo modo que resultará más difícil para alguien convertirse en cantante si no posee una voz prodigiosa (lo cual no implica que no pueda hacerlo) o para otro hechizar a la cámara con unos ojos menos bonitos (again, se puede aprender a mirar).

La cuestión, que me voy por las ramas: esto es un trabajo, señores. Si alguno quiere vivir de escribir, tiene que tener claro que escribir es su empleo, su forma de vida, y como tal tiene que dedicar tiempo a aprender el oficio (posea o no cualidades naturales que lo predispongan para él), tiempo para conseguir el puesto de trabajo (en este caso, la publicación: ¿o acaso alguno creía que obtendría un contrato indefinido antes incluso de acabar la carrera? Pues anda que no hay que besar ranas hasta que una se convierte en príncipe...), tiempo para desarrollar su labor profesional (que ningún trabajo que sirva para llegar a fin de mes ocupa menos de 35 horas semanales, cojona) y tener claro que, durante todo el tiempo que esté dedicándose a ello, tendrá que seguir mejorando, del mismo modo que a un trabajador le impartirán cursos de reciclaje y de formación continua a lo largo de su vida profesional. Y si alguno considera que es demasiado tiempo y esfuerzo invertidos en algo que creía más fácil, pues siento destruir sus ilusiones pero el mundo no lo he inventado yo =(



Nota adicional: sí, la foto de Ewan MacGregor ha sido colocada ahí para uso y disfrute personal. Qué pasa :P

viernes, 15 de julio de 2011

Para mí tu carne

Asomo la cabecita un momentín (ahora mismo estoy bastante encerrada en mis dos mundos favoritos, Ridia y Poniente :P) para daros una noticia... Dentro de muy poquitos días los amantes de los zombis tendréis una nueva antología a la que echarle zarpa, y una en la que, para más señas, participo yo con un relato titulado "Cera Negra" al que, por varios motivos, le tengo bastante cariño.

La antología, coordinada por el grupo literario Sevilla Escribe (al que pertenezco, aunque ni naciese ni viva en Sevilla =) cosas de la vida), está publicada por la editorial Veintitrés Escalones y os puedo asegurar que tiene entre sus páginas algunas auténticas obras de arte del género fosco-terror =)

Aquí tenéis la portada y la nota de prensa de la editorial (por cierto, no puedo sentirme más orgullosa al ver que, de todo el libro, han elegido precisamente un fragmento de mi relato para la promoción. Un honor ser elegida, y más junto con un pedazo de autor como es Juan Ángel Laguna).

El colectivo cultural Sevilla Escribe y la editorial 23 Escalones presentan una antología de relatos de temática zombi en la que participan algunos de los autores más destacados del género de terror en España. Más de trescientas páginas que seguro te quitarán el sueño.

Título: PARA MÍ TU CARNE (Antología Z de Sevilla Escribe)
Editorial: Veintitrés Escalones
Nº de páginas: 352
Tamaño: 230mm x 150mm
Encuadernación: Rústica con solapas
PVP: 18 €
ISBN: 978-84-15104-74-2
Ilustración de la portada: Luis Nct

En esta antología encontrarás relatos de Félix Morales Hidalgo, Virginia Pérez de la Puente, Pedro Escudero Zumel, Francisco Jesús Franco, Luisfer Romero Calero, Alejandro Castroguer, Juan de Dios Garduño, Juan Ángel Laguna, Manuel Mije, Vanessa Benítez Jaime, Francisco J. Sosa Garduño y Carlos Sisí.

“Blanca como el polvo de arroz con el que se maquilla una geisha, sino blanca como los periódicos trasnochados, blanca como un hueso mordido por la intemperie. Óscar lo descubrió en el rostro cerúleo de su abuelo, cuando lo velaron allá arriba, en Jasa. Ese blanco corrupto, el mismo que se enseñoreaba de la casona, era la inconfundible firma de la muerte. Como una huella dactilar. Y por eso dudó, y estuvo a punto de dar media vuelta y largarse como alma que lleva el diablo. Pero ya había avanzado demasiado y decidió descubrir lo que se escondía tras del dédalo de papeles amontonados como barricadas imposibles.
Así fue cómo descubrió a Margarita.
Muerta.”
(Juan Ángel Laguna)

“Gritó. De angustia, de odio, de dolor. Y, al tiempo que gritaba, dio un fuerte tirón que arrancó limpiamente la cabeza del cuerpo del anciano, ahogando con el brusco crujido de su cuello al partirse el sonido de su aullido de terror.
La sangre cálida salpicó su rostro y sus brazos. No lo notó. Solo sus ojos percibieron las gotas que se escurrían lentamente hasta su codo, que caían después sobre la tierra reseca y negruzca. Sangre. Gotas como cera caliente derritiéndose en una vela negra. Soltó la cabeza, que cayó a sus pies con un golpe sordo. Después, sus dedos se desasieron de la sucia camisa del hombre. También el cuerpo cayó al suelo y quedó tumbado junto al cadáver de uno de los jóvenes, que todavía lo miraba con ojos acusadores desde las profundidades de su capucha negra.”
(Virginia Pérez de la Puente)

viernes, 1 de julio de 2011

En la boca del estómago

(aclaración previa: esta entrada es completamente spoiler-free. O sea, no contiene spoilers. Vamos, que podéis leerla tranquilamente que no os voy a arruinar nada: no soy tan malvada. Bueno, un poco sí, pero en este caso voy a contener mis ansias malignas xDxDxD)

Spoiler: del inglés spoil (arruinar, echar a perder, estropear), se denomina comunmente "spoiler" a aquella información sobre un libro, película, serie, videojuego, etc conocida de antemano por el futuro lector/espectador/gamer, y que, de alguna manera, estropea el impacto que el autor del libro o guión pretendía causar en el lector/espectador/gamer. Por ejemplo, imaginaos que estáis allá por el año 1980 (el pelo cardado, las hombreras enormes, los pantalones-piel y las camisetas de rejilla son opcionales) en la cola de un cine esperando para ver la película anteriormente conocida como Star Wars 2 (ahora, si mis cuentas no me engañan, es la 5), "El Imperio Contraataca", y alguien se acerca y os dice: "Darth Vader es el papá de Luke Skywalker"... ESO es un spoiler. Un "arruinador", para entendernos. Desde luego, ni George Lucas, ni Leigh Brackett ni Lawrence Kasdan pretendían que nos enterásemos de la relación entre Luke y Vader/Anakin de ese modo, sino que su intención era que, al ver la escena de la lucha en la ciudad-nube, nos quedásemos ojopláticos y boquimétricos al descubrir que la némesis de nuestro héroe era, en realidad, su (¿amantísimo?) padre. Que todo el cine soltase un ‘UALAAAAAAAAA!!!’. Un ‘UALAAAAAAAAA!!!’ que queda bastante desmejorado si ya tienes la información antes de ver la peli, claro.

Tampoco George R. R. Martin pretendía que nos enterásemos de ESO así, tropezándonos (voluntaria o involuntariamente) con ello en Internet: su intención era que lo leyésemos en el libro y, probablemente, que al hacerlo tirásemos nuestro ejemplar de A Dance with Dragons al otro extremo de la habitación y empezásemos a soltar exabruptos e insultos más o menos coloridos y más o menos imaginativos contra su persona (estoy convencida de que si no le gustase eso de ser vilipendiado habría dejado de maltratarnos con sus puñeteros “giros dramáticos inesperados, impactantes y potencialmente homicidas”, a los que, por cierto, no hay manera de acostumbrarse por mucho que uno lea la obra de este buen señor). No, no pretendía que nos enterásemos de ESO así, y por eso ha dicho que va a poner en una pica la cabeza del responsable de la salida a la venta de varios ejemplares casi una quincena antes de la fecha oficial de puesta a disposición del público de A Dance with Dragons, un ser humano (presumiblemente) que, también presumiblemente, trabaja en Amazon Alemania y que, presumiblemente, ni siquiera se dio cuenta de que estaba abriendo la puñetera caja de Pandora (o la “caja de los truenos”, como les gusta decir a los políticos españoles) al soltar esos 180 ‘Dances’ antes de tiempo.

Vale, entiendo su reacción. El hombre se ha pasado seis años (o más) escribiendo el puñetero libro, y ver cómo la sorpresa se arruina dos semanas antes de su (¡Por fin!) salida no tiene que molar un cacho, al menos para él. Yo me pongo en su lugar y me cago en todo, así de claro. Pienso: si alguien, por ejemplo uno de los conejillos de indias que se prestan como lectores previos de mis novelas, o aquéllos con los que he contrastado la historia futura en busca de fallos o flecos, suelta prenda y dice algo, igual me enfado y todo. Pero, por muy empática que quiera ponerme con el bueno de George, ahora mismo me está resultando un poco difícil ponerme en su lugar, la verdad. Fundamentalmente porque en quien me estoy cagando es en él y porque la cabeza que quiero en una pica es la suya. Desde el cariño, claro. Sin acritud alguna. Sgrunt.

¿Por qué?, os preguntaréis. Bueno, es que yo soy una de las que se han comido ESE spoiler de A Dance with Dragons. No, ya sé que la culpa no es suya. De hecho, en esta ocasión ni siquiera es mía, y eso que yo soy una ‘spoiler-whore’, es decir, me gusta ir pululando por ahí en busca de información de los libros o pelis que me apasionan, y habitualmente si me como un spoiler me siento hasta feliz. Anda que no habré yo buscado spoilers de los últimos libros de la saga de Harry Potter antes de que éstos fueran publicados… por poner un ejemplo similar, quiero decir. Y cuando me encontraba alguno, daba palmas con las orejas xD. Pero esta vez no tenía yo intención de hacerlo, por desgracia: después de seis años de espera, quería llegar al libro limpia de polvo y paja, habiendo releído los cuatro anteriores para tener la historia fresca e ir descubriéndola poco a poco y disfrutándola página a página. No deja de ser una puñetera broma kármica que justo el libro en el que no quiero spoilearme sea el libro del que encuentro el spoiler más salvaje y más impactante de toda mi vida de spoiler-whore.


No, no os voy a contar qué es lo que vi y por qué me tiene tan cabreada. Prometí que este artículo sería spoiler-free, y pienso cumplirlo. Si alguno tiene intención de conocerlo, que me pregunte en privado. Aunque de verdad, DE VERDAD, os recomendaría que no lo hicierais. De alguna manera, a mí me ha arruinado la espera… es decir, ya no tengo tantas ganas de leer un libro por el que llevo suspirando seis largos años. Bien es cierto que casi prefiero esto a acabar tirando el libro por la ventana y que le dé en la cabeza a un pobre butanero que pasaba por allí, o ceder al impulso de quemarlo en un rito vudú y terminar incendiando mi casa. Al menos, ahora no tengo el libro y no puedo usarlo como arma arrojadiza, pirotécnica o de destrucción masiva. Y sí, logré contener la tentación de tirar el ordenador por el balcón cuando leí lo que leí, aunque fue difícil, lo reconozco. También es bueno que George R. R. Martin haya elegido como año de su visita a España 2012, porque si apareciese por aquí en los próximos dos meses íbamos a tener unas palabritas. Y lo que no son palabritas. Al estar lejos, lo máximo que recibirá de mí será un ejemplar de “Misery”, de Stephen King.

Coñas aparte, todo este asunto me ha hecho reflexionar acerca de la literatura, y es por eso que os lo cuento, no para que penséis que estoy chiflada (si es que alguno no lo pensaba todavía, quiero decir). Veréis, a mis treinta y cuatro años de edad bien cumpliditos, con unas cuantas experiencias vitales a mis espaldas (muchas de ellas malas, la verdad, auque no todas, ni mucho menos), me he encontrado de repente hecha un guiñapo y absolutamente destrozada por… un acontecimiento de un libro. O sea. Un libro, ¿vale? Una historia que un tío se ha inventado, del mismo modo que yo me invento las mías o que mi hermana se inventa los cuentos que les cuenta a sus hijos por la noche. Una trama que ha salido de la mente de un tío, y que está protagonizada por unos personajes que NO EXISTEN. Y esta nena de aquí, con sus treinta y cuatro añazos y sus dos carreras y su master y su experiencia laboral y vital y blablabla, llorando por las esquinas, y eso tan sólo por haber leído en un foro de Internet que alguien dice que alguien ha leído que pasa algo.

Sí, lo sé, es bastante patético. Y precisamente por eso me detuve a reflexionar, y me di cuenta de una cosa: esto que me ha ocurrido a mí, y que estoy segura de que le habrá ocurrido a alguien más (no voy a decir que sea la chiflada más chiflada del universo), sólo ocurre con determinadas historias. He conocido a mucha gente de todo tipo gracias a mi profesión (soy periodista y escritora, por si alguno aún anda despistado) y a que soy una persona bastante sociable, y la mayoría de la gente a la que conozco lee bastante. Conozco a amantes de la literatura en general, de la novela negra, de la literatura romántica, histórica, y por supuesto fantástica. Y me he encontrado con que este tipo de reacciones viscerales como la que tuve yo el otro día, este tomarse un acontecimiento de un libro como si fuera algo personal, como si le estuviera ocurriendo a tu mejor amigo o a ti mismo, esta preocupación por el destino de unos tipos y tipas que son inventos surgidos de la imaginación de otra persona, el hecho de vivir tanto una historia como para sufrir y penar y llorar y gritar y patalear en determinados pasajes, no son comunes a todos los libros ni a todos los tipos de literatura.

He visto a mucha gente leer un libro, el que sea, y estar absolutamente absorto con él, y preocuparse por lo que sucediera entre sus páginas, claro que sí: eso puede ocurrir en cualquier género y con cualquier estilo. Pero crear una historia capaz de levantar tantas pasiones como para hacer que los lectores pasen AÑOS preocupados por lo que sucederá a continuación, y que, llegado el caso, chillen e insulten y berreen y se tiren de los pelos cuando sucede ‘algo’… eso casi siempre lo he visto en fantasía. Y no en toda. De hecho, las reacciones tan apasionadas las he visto sobre todo en sagas como Harry Potter y Canción de Hielo y Fuego (en televisión he visto algunas otras, pero curiosamente la mayoría tienen elementos fantásticos, como la tantas veces aclamada y vilipendiada a partes iguales Lost, o la ‘altibájica’ Supernatural). Sí, he visto cómo la gente elucubraba acerca del destino de Lisbeth Salander, por poner un ejemplo de otro género y de “saga”, pero, por muchos lectores de Millenium con los que haya compartido mesa y conversación, jamás he visto a ninguno de ellos ponerse histérico perdido mientras esperaba la salida del siguiente libro de la trilogía, o lloriquear de forma patética al pensar en lo que a Larsson (QEPD) se le hubiera podido ocurrir para solventar determinada situación de la que no voy a hablar porque prometí no soltar spoilers. (Obviamente, esto es una generalización; como en todo, hay excepciones).

¿Depende del género? ¿Depende de los lectores? Yo creo que no. Muchos de esos lectores de Millenium también han leído las dos sagas que he mencionado antes, y se han histerizado y han llorado y han insultado con ellas lo que no han hecho con la saga del sueco. Y, por otro lado, muchos de esos lectores de las dos sagas, y de la del sueco, y de otras muchas que existen por ahí, han leído cientos, tal vez miles de libros, algunos de ese mal llamado ‘género fantástico’, y no han sufrido esa reacción de ansiedad, histerismo, pena, rabia y odio puro que sí han provocado en ellos gentes como Rowling o Martin.

¿Entonces de quién depende? Pues del escritor, obviamente. Es el autor el que crea la historia y a los personajes, y es el autor el que consigue o no que sintamos tanta empatía con ellos como para sufrir DE VERDAD por su destino. Y lo curioso de todo este asunto es que sean precisamente dos autores de fantasía los que consiguen despertar semejantes pasiones, cuando la fantasía, supuestamente, es algo irreal. Es curioso, sí, que sea ese ‘género’ irreal el que acoja a unos personajes tan reales como para que uno acabe llorando por ellos. Será que, una vez más, se demuestra que la calidad no depende del ‘género’ sino del autor. En este caso, la capacidad de crear personajes de carne y hueso.

Así que no, Martin no me da ninguna pena. Entiendo que se haya cabreado porque los de Amazon hayan destrozado su sorpresa, pero el hecho de que alguien se haya molestado en colgar esos spoilers en la red y la reacción que han provocado en los lectores, yo entre ellos, demuestra que ha conseguido lo que muchos escritores anhelamos: que los lectores se sientan tan absorbidos por su historia que la sientan como si fuese real. Un golpe en la boca del estómago al descubrir lo que va a pasar. Un dolor casi físico al enterarse del destino de sus personajes o de sus evoluciones o de sus miserias.

Y ojalá algún día yo consiguiera recibir tantos insultos, exabruptos, odio concentrado y deseos de poner mi cabeza en una pica como él. Eso querría decir que, en cuanto a escritura, lo estoy haciendo bien.



PD. Por cierto que esos 180 ejemplares deben haber ido a caer en manos de los 180 alemanes más cabrones/legales (táchese lo que no proceda) del mundo… ¿Cuatro días, y lo único que han hecho es soltar spoilers? ¿A ninguno se le ha ocurrido todavía subir una copia pirata a la red? De lo que se desprende que el ser humano todavía tiene la capacidad de sorprenderme...

domingo, 26 de junio de 2011

Caminando por la península de Ternia

No sé si habréis tenido alguna vez la oportunidad de conocer la página http://www.cuernavilla.com/. No, no es una web de expertos en El Señor de los Anillos, por mucho que el nombre de la fortaleza rohirrim pueda haceros pensar; aunque si Tolkien levantase la cabeza, probablemente se haría adicto a ella. No sólo son importadores y vendedores de merchandising de películas, series y libros (como El Señor de los Anillos -libro y películas-, en cuyas páginas aparece, junto al Abismo de Helm, la fortaleza que le da nombre; o como otras muchas, desde Canción de Hielo y Fuego -libros y serie- hasta Piratas del Caribe, pasando por Star Wars, Harry Potter -libros y pelis-, Indiana Jones, Terminator, V de Vendetta, Kill Bill, Crepúsculo, y un larguísimo etcétera), sino que también son unos auténticos maestros en esto de la creación de merchandising.

Bien, pues han sido ellos los que me han regalado estas imágenes (una de las mejores sorpresas de los últimos tiempos, por cierto). Aún no he tenido el gusto de verlo en persona, pero sólo con verlo ya promete ser una auténtica obra de arte. Es ni más ni menos que el mapa de la península de Ternia, al sur del continente de Ridia, donde se desarrolla la acción de mi primera novela, La Elegida de la Muerte (Öiyya):









Los que tengáis a mano un ejemplar de La Elegida de la Muerte (Öiyya) podréis comprobar, si es que no lo habéis hecho todavía, que el segundo mapa que aparece en la edición está defectuoso. En su día colgué el mapa con todas sus letras en mi página web (ahí sigue a disposición de quienes quieran verlo o descargarlo, por supuesto); sin embargo, ésa es una solución "de andar por casa", por decirlo así. Esto, por el contrario, es pura delicatessen =)

Edición post-mortem: antes de que haya sangre, aclararé que el mapa está confeccionado de forma totalmente artesanal, que he sido testigo del proceso (no de éste, que fue una sorpresa, pero sí del siguiente que está haciendo la misma persona basado también en mis novelas) y está realizado a mano, paso por paso, árbol a árbol, montaña a montaña. Si algo tiene Cuernavilla, de todos modos, es que es imposible dudar de la calidad de sus productos ;)